A ojo de buen cubero

 

Éramos adolescentes y creíamos lo que se decía en la lección primera del manual de Filosofía sobre el saber vulgar y el saber científico. El primero, desordenado y confuso basado en los sentidos y en la experiencia; el segundo, conocimiento ordenado y preciso de las cosas por sus causas y principios. De mis apuntes, casi textual, filosofía inútil desplazada por la sabiduría emocional recomendada por los pedagogos; hoy sería políticamente incorrecta porque ponía como ejemplo la mirada diferente de un campesino y un ingeniero agrónomo ante un rosal que se seca, detalle clasista y desigualitario. El saber vulgar es patrimonio de todos y los ingenieros de la economía viven de modelos matemáticos porque sin ellos no hay saber científico. Comprensivo con ambas sabidurías, la de los sentidos y la científica, cada vez soy más proclive al término medio, ese que en medicina se llama ojo clínico y que atiende a las ambigüedades, a las estimaciones y al ojo de buen cubero. Equivocadas las opiniones de los ignorantes, tampoco los expertos dejan de mater la pata, demostrar impotencia y ser inimputables por sus errores. Son casi unánimes las previsiones de los sabios: a finales de este año el PIB habrá caído un 13,5%, el déficit alcanzará el 12,5% del PIB y la tasa de paro llegará al 17%. Por regiones, por ciudades, por barrios o por sectores la dispersión es enorme, aunque el que la lleva la entiende. O dice entenderla. Y es aquí cuando los “campesinos” urbanitas se fijan en los comercios cerrados, las calles vacías, los familiares en paro, las noticias alarmantes o los bulos interesados y dan su propio diagnóstico: es el saber vulgar, tan instintivo, tan indomable, tan necesario. Entre los dos análisis está el que practico con escepticismo y modestia de razonable calculista que intenta la proeza de hacer la cuenta del producto a final de año. El inevitable Producto Interior Bruto ha sido contestado como indicador por quienes afirman que el bienestar trasciende lo material aunque no han conseguido hacerle una exitosa moción de censura. El PIB se puede calcular desde la perspectiva del gasto, de las rentas y del valor añadido. Del desglose por macropartidas de la contabilidad nacional elaborado por el INE para el segundo trimestre trato de extrapolar al cuarto trimestre. En seis meses cayó un -18,5%, el consumo de los hogares un -21,5%, la inversión el -21,9%, las exportaciones un -31,5%, el comercio un -40,4%, los servicios el -19,1%. Y ya tenemos indicadores adelantados y saber vulgar sobre este tercer trimestre que vence con septiembre y nos vence. Esperemos los datos de la contabilidad, pero o hay un pacto social milagroso, una materialización de la palabrería política europea, una insólita recuperación de la confianza, un horizonte de esperanza en la lucha con la pandemia, o vamos a un desplome de más del 20%, por mucho que traten de retorcer las cifras. Claro que es simplemente a ojo de buen cubero.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

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