Análisis y parálisis

 

En algunas culturas se afirma que el mucho pensar mata, y destacados gurús de la gestión empresarial afirman que el exceso de análisis conduce ineluctablemente a la parálisis. No digo yo que sea igual y lo mismo, y menos que sea cierto. Sin embargo reconozco que llevamos años (ustedes precisen) de cháchara y palabrería, con plétora de analistas, inflación de bustos parlantes, y ausencia de soluciones políticas y económicas a problemas que todo el mundo reconoce y nadie aborda. Será que lo mejor es no hacer nada, quedarse parado como el reloj roto que da la hora exacta dos veces al día y dejar que sean las circunstancias quienes marquen el rumbo y la velocidad. Me causa cierta angustia la distopía que imagina un futuro donde las elecciones sean de carácter ininterrumpido, como una medida de la temperatura en continuo en vez de ponerse el termómetro cada cuatro años. No se echen las manos a la cabeza que tecnología e imaginación hay para ello, al fin y al cabo sondeos, encuestas y elecciones ya se solapan. La inestabilidad o la volatilidad no sería mayor que la que hay ahora, y los últimos años de nuestra historia patria son un botón que basta como ejemplo. Aburre un tanto repetir las veces que se ha propuesto la actualización de la Constitución, la armonización del Estado autonómico, la reforma de su sistema de financiación, los cambios en la ley electoral, que ya resulta una estupidez reiterarlo. Vale que el multipartidismo refleja mejor la realidad sociopolítica española, pero eso no implica su bondad, porque hay realidades manifiestamente mejorables. A buenas horas se reclaman segundas vueltas como solución al tránsito de los partidos a los “bloques”, un fenómeno esperable y una solución tan vieja como el clásico Duverger.

Mientras pago mis impuestos (y comparo con otras autonomías) y recomiendo para la inversión mercados americanos porque los europeos languidecen, quiero recordar que seguimos al pairo con el sistema de pensiones, que la inversión sigue en mínimos sitiada por un ejército de regulaciones y amenazada por todo tipo de incertidumbres fiscales. ¿Habrá alguien que prescinda de tanta musa analítica y reclame su pase a la realidad del teatro de los hechos y de la vida? Entre tanto, el “vector” tecnológico nos va cambiando la vida, solucionando problemas conocidos pero planteando otros nuevos que dejan perplejos a los políticos y felices a los analistas perpetuos. Ello no impide que se siga incrementando la deuda y el gasto público que es lo más fácil y vistoso. Queda bien y es necesario reflexionar sobre la presunta deriva de Ciudadanos o las ínfulas ministeriales de Pablo Iglesias, sobre el futuro de la socialdemocracia o las excentricidades de Trump que no tienen precio pero si mucho coste para algunos. Yo también lo hago cuando me atrevo y puedo aportar algo. Lo hago en esta España paralizada, con problemas enquistados por intereses partidistas.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

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