Bancos buenos, buenos bancos

 

Simplifiquemos. Un “banco malo” no es realmente un banco sino un contenedor de gestión de activos tóxicos segregados de entidades financieras gravemente enfermas, con la pretensión de sanearlas. A nuestra SAREB le endosaron cerca de 200.000 activos de 9 cajas de ahorro y ahí anda intentando recuperar el máximo de su valor.  Un “mal banco” ya sería otra cosa más discutible según quién opine, porque para algunos sería el que no cumple su función económica y no es rentable, y para otros sobraría el calificativo, porque cualquier banco es moralmente malo por defecto, es decir haga lo que haga. La Autoridad Bancaria Europea (que debe estar contratando la mudanza “brexitiana” desde la City londinense a Paris) publicó el viernes los resultados de su “2018 EU-wide stress test” (sexta evaluación desde 2011), y ya no les castigo más con términos, siglas y acrónimos ingleses, que ellos se van, pero nos dejan su interminable jerga financiera. La cuestión es que dicha autoridad ha analizado otra vez más la capacidad de aguante y recuperación (capital, liquidez, riesgos varios, resultados y otros indicadores de acuerdo con las abstrusas normas bajo el topónimo de Basilea) de 48 bancos europeos ante “escenarios adversos”. Así, se contempla de aquí a 2020 una posible una caída del 2,7% del PIB, un desempleo del 9,7% (¡quién lo pillara!), una inflación acumulada del 1,7% y una caída de los precios inmobiliarios en torno al 20%. El gato escaldado por la crisis de 2008 del agua fría huye. Los cuatro bancos españoles examinados han aprobado, son “bancos buenos”, bien que con notas algo diferentes y si usted es “bancario”, financiero, estudiante de finanzas o simplemente masoquista, profundice en el informe que yo me limito a comentar a vuela pluma. Primero, uno está de vuelta de las valoraciones subjetivas sobre datos objetivos, de los escenarios esperados y de las declaraciones de los reguladores, esos que en 2008 nos tranquilizaban con “aquí no pasa nada”. Segundo, les anticipo que la cuadratura del círculo entre regulación y rentabilidad implica una subida de precios de los servicios bancarios en formas varias de comisiones o diferenciales de tipos que vamos a pagar todos, como ocurrirá con el dichoso impuesto “de las hipotecas”. Tercero, observo con curiosidad que todas las entidades mantienen su referencia nacional y su efecto sede. Practican una globalización “a la carta” allí donde interesa y para lo que interesa. En el caso de nuestros “bancos buenos” sus nombres remiten a Sabadell, Barcelona, Santander o Bilbao. Echo de menos etiquetas andaluzas, y me gustaría pensar que es cosa más de la historia (aquellos polvos) que del futuro (estos lodos). Y cuarto: no sé si es mucho pedir que sean también “buenos bancos”. Que más allá de filantropías interesadas, mecenazgos y retoques de imagen, pongan su actividad principal al servicio de las empresas y los ciudadanos andaluces.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

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