Bitcoin como metáfora

 

He dudado con el título porque más bien es un símbolo, pero las esdrújulas tienen su aquel: un ritmo como de voltereta y una pretensión de genealogía clásica. Queda para otro debate si la síntesis o el análisis, cuál de esos enfoques resulta más útil, pero abrumados por la verborrea ya muchos apreciamos la brevedad concisa (“No te enrolles y vete al grano”) que para cabreo propio también me aplica mi familia, nietas incluidas. Y es que donde hay confianza da atrevimiento (asco, resulta excesivo). Así que provoco con la sencillez y reclamo a quienes me soportan que me resuman en una palabra sus impresiones de las ciudades visitadas o la personalidad de los amigos, el término que retrata a Puigdemont o a Rajoy, a Susana o a Inés, a Mariano o a Zapatero. Venga, ¡hagan juego! También lo aplico a los grupos que incluso se auto etiquetan como “insurgentes”, “moderados”, “serviles”, “indignados”, “doctrinarios” para intentar definirse aunque a veces sea imposible. ¿Cómo identificar con una palabra a quienes pretender desarmar a nuestro rey Fernando en el escudo de nuestra invicta y mariana ciudad? “Pacifistas” sería el sustantivo si se tratara de un fusil de asalto AK-47 Kalashnikov como el que el marxismo-leninismo planta en la bandera de Mozambique, pero la espada del caso es más bien reliquia y no parece ni espadón ni mandoble. Por ese sesgo sintético que me invade disfruto con las listas, resúmenes y previsiones anuales a la sazón, que lo dejan todo dicho con una escueta expresión, entre ellas la elección de la palabra del año por parte de la FUNDÉU BBVA. En los años que se lleva convocando han sido elegidas “escrache”, “selfi”, “refugiado”, “populismo”, y todas ellas dan para mucho “carrete”, pero la de 2017 entronizada el viernes ha sido “aporofobia”.

Declaro mi profunda decepción porque mi favorita entre las propuestas era “Bitcoin”, un término breve, híbrido, eufónico, anglicista, pero sobre todo metáfora del posmodernismo financiero, una llamada “criptomoneda” que inquieta a todos los “establishment” ya sean académicos, financieros o políticos, temerosos de la pérdida de poder y con miedo a la libertad, que diría Erich Fromm. La cultura posmoderna es propia de la juventud, del individualismo en red, de la informalidad, de la pertenencia simultánea a diferentes grupos y de las verdades relativas. La economía tradicional (pésima maestra en lo de evitar crisis, fraudes o burbujas) no se iba a escapar de esta tendencia que ya invade la política, los medios de comunicación o la familia. Del bitcoin ya vengo tratando hace años y sólo recomiendo prudencia y transparencia sobre la primera moneda íntegramente digital, esa digitalización que ha hecho que las comunicaciones, las enciclopedias (la información) o el comercio “on line”, sean lo que pocos imaginaron y a lo que muchos se opusieron. En mi opinión, bitcoin palabra del año 2017.

 

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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