Blindajes

 

La guerra es una de las fuentes de imágenes políticas. Y no todas me gustan. Muchas son expresivas e inteligibles, pero la connotación de que la política es la antesala de la guerra por otros medios (trasponiendo el dicho de Clausewitz) no resulta esperanzadora. También la salud y la medicina aportan metáforas de dudoso gusto, entre ellas la referencia a un “cordón sanitario” que añade al concepto de muro o barrera, el tratamiento del oponente cual pandemia, virus infeccioso que hay que evitar y exterminar. La enunciación de estos “cordones” abunda en política y las hemerotecas recogen los pronunciamientos recientes de cualquier frente popular o nacionalista que se precie, independentista o no, para aislar y expulsar a los oponentes de los órganos de poder político. Podría sorprender que sean los predicadores de la fraternidad y la inclusión, los más activos y radicales en excluir y demonizar al oponente, pero ya pocas incoherencias totalitarias sorprenden. Los pactos poselectorales que andan negando los partidos políticos más sospechosos de coaligarse a las primeras de cambio, son algo así como frágiles “cordoncillos” ya se hagan ante notario o ante la Biblia.

Imagen pareja es la de “blindar”. La más elemental estrategia bélica radica en golpear y no ser golpeado (o resistir al golpe) de ahí que la historia del armamento sea una continua cremallera entre elementos de defensa y de ataque en la que no me atrevería yo a decir quien lleva la delantera. Hace siglo y medio los acorazados eran los más poderosos, pero hoy un misil convencional acabaría con el más blindado “battleship”. En el “programa” de la virtual coalición PSOE (más bien gobierno actual) con Unidos Podemos, se sugiere el “blindaje” de muchas acciones y derechos de contenido económico que resulta un brindis al sol, cuando no una imprudencia conflictiva difícil de mantener. Cierto que existe una jerarquía de derechos en función de su protección legal, pero la proliferación de asuntos a blindar devalúa su importancia, incrementa su carácter partidista, menosprecia su contingencia, lesiona la flexibilidad de las políticas, y, sobre todo, produce una generalizada frustración ante su incumplimiento a pesar de obligarse en universales declaraciones de derechos, en las constituciones o en los estatutos de autonomía. La volatilidad de la geopolítica y la globalización hace imposible garantizar lo económico frente a coyunturas inesperadas y graves, y a la modificación exprés del Art. 35 de nuestra Constitución me remito. Buen número de pretendidos blindajes (aquel “atado y bien atado”) pretenden impedir que otras ideologías legítimas gobiernen. Quizá fue la del 78 nuestra primera Constitución que no se hizo contra alguien, cualidad que algunos pretenden adulterar “pro domo sua”. Lo más decepcionante no es advertir este interés partidista, sino la ignorancia de que no hay blindaje que resista. Salvo que sea asumido en la práctica por todos.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

Dejame tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *