Cambios subversivos

 

Los cambios están en el centro de nuestra existencia, nos interesan, nos preocupan, y más ahora. Declaremos que la pandemia y el confinamiento provocan y destacan los cambios individuales aunque los psicólogos me afirman que los profundos son difíciles –los de carácter, de creencias y cosas así- y sólo se producen frente a traumáticas experiencias, pérdidas, rupturas, enfermedades, porque el palo es un agente mucho más eficiente del aprendizaje que la zanahoria. Sin embargo, a algún experto en la psique le argumento que no menos importantes son los cambios físicos –acepto la enmienda de que siempre son psicosomáticos- y que el confinamiento, aunque miniatura, incrementa la obesidad, la atrofia muscular y el estreñimiento, certificado en un muestreo de urgencia poco representativo, que no ha incluido ni el envejecimiento ni la desmesura pilosa por resultar ambas variables predecibles, casi mostrencas. No incluyo el aumento de las separaciones y de las broncas de pareja, porque sobre eso ya los chinos parecen tener evidencia empírica y no meras sospechas. Al fin, la angustia aflora lo latente, ya se sabía. Si de lo individual pasamos a lo social y de ahí a lo político, el ágora se llena de adivinos y opinantes que recaemos en muletillas como “más pronto que tarde” o “ha venido para quedarse”, que recién urdidas resultaban guay pero que el desgaste y el uso salpimentado las transforma en estupideces. En parte pecador en lo que denuncio permítanme que les mueva cariñosamente a controversia.

Con el maestro historiador Joel Mokyr participo en el convencimiento de la decisiva importancia de la variable tecnológica en el cambio económico y social, ese toque residual que en la productividad total de los factores es decisivo. Sesudas investigaciones consagraron la máquina de lavar como el invento decisivo para la transformación social del siglo XX en general y, en particular para la emancipación de la mujer, pero el teléfono móvil o celular (¡Cuánto me gusta “telefonino”!) vino ¡“para quedarse”!. Realmente es una hibridación de tecnologías que no enumero por innecesario, pero que abarca todo tipo de usos, aunque me adhiero al pintoresco gurú Castells cuando afirma que no hay banda ancha tan rica en significados como la interacción personal. Me quedo en la alusión al teletrabajo y a la telepolítica. La obligada eclosión del primero cambiará a fondo las relaciones laborales (¿acabaremos siendo todos “autónomos”?), desde los riesgos laborales a la política salarial. El impacto en la política merece tratamiento aparte, pero anticipo la reiterada evidencia de que sobran políticos en esta democracia más de partidos que representativa. Hemos visto en vivo y en directo que con cuatro gatos partidistas en el Parlamento se funciona mejor, y qué decir del Gobierno telemático. ¿Y para qué sirven los cientos de privilegiados/as en Bruselas? Esto si que apunta a cambios subversivos.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

Dejame tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *