Catástrofes

 

Con minuciosa y sádica aritmética nos informan (¿?) sobre las víctimas de la pandemia o sea de la catástrofe. Hay una morbosa contabilidad de afectados en sus diferentes modalidades, de datos macro adobados por audios e imágenes con casos particulares que sazonan el guiso con dramas personales que a la vez nos enseñan geografía y miserias. En lo económico mucha provisionalidad y redundancia, incertidumbre y repetición a la espera de que el virus sea derrotado y baje la marea para poder ver los desperfectos. Seis meses ya van desde el estado de alarma y los rebrotes dan para titulares, portadas y apertura de tele informativos. No se alarmen. Simplemente estamos ante una catástrofe. Un suceso desastroso que acelera el cambio social, plural, global e inesperado. Su incidencia física o mental en nosotros responde a una ecuación newtoniana: en el numerador el número de víctimas y daños, en el denominador el cuadrado de la distancia a los hechos. Hace diecinueve años el 11 S – lo conmemoro- me pilló en vuelo de N.Y. a Dallas y nos confinó en Lubbock (Texas) por diez días. Nadie sabía cuando podríamos volver. Cambió el mundo (un enterado diría que la geopolítica). Hoy lo nuevo resulta ser China, un mundo rampante donde la libertad se la busca cada cual allí donde puede. Un caos organizado, un liberalismo totalitario, una marabunta disciplinada y feroz: síntesis de contrarios o de lo más útil de cada ideología más allá del pragmatismo. Harto, como muchos de ustedes, no tanto del confinamiento sino de la pérdida de libertades, he leído, oído y televisto de todo. Saturado. Con tanto relajo temporal me he permitido un vicio tan placentero como innecesario: releer, “re oír”, rever. Si la novedad incita, lo reconocido gusta más. Confieso mi atracción por el género de terror y el subgénero catastrófico, por eso ha aparecido antes la marabunta que ruge en ingenua película de 1956 (“The naked jungle”) con Charlton Heston y Eleanor Parker. Una plaga de hormigas carnívoras que emulan a las cigarras bíblicas (y a los virus) y que sólo mueren ahogadas por sumersión en tromba de agua. O sea exceso de liquidez.

Pero no pequé sólo con esta sencilla y poco feminista peli, sino que caí en el ciclo de los naufragios, las erupciones, los terremotos, los huracanes, los aeropuertos y aviones, las inundaciones (¡tan de la historia sevillana!), de todo tipo y tamaño de bichos, y (sin agotar la lista) de los incendios. Esto último para que no se me olvide la de ayer, “El Coloso en Llamas” (“The Towering Inferno”) de 1976 donde ya están algunos conflictos socioeconómicos del XXI y el fuego se extingue finalmente por inundación provocada por la explosión de los depósitos situados en la última planta. Y es que el agua es muy útil. Y el dinero. Hemos visto muchas catástrofes reales o virtuales. Ante la que vivimos o nos vive, sólo cabe pensar globalmente y actuar localmente. Y en último caso, “Aterriza como puedas”.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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