Cero

 

No es éste lugar ni tiempo para pronunciarse desde la ignorancia sobre si el “cero” fue invento de los mayas, los indios o los árabes pero sí para reconocer que es un número rarito, la imagen del vacío, un multiplicador si está a la derecha y un inútil si a la izquierda; una cantidad y un marcador de posición y, en fin, una importación allá por el año 1.200 que tenemos que agradecer a Fibonacci. La digitalización nos ha llenado el universo de “bits” y “bytes” y la mitad del nuevo “abecedario” está compuesto de ceros en coalición con los “unos”, que además adelgazan la letra “O” creándome más de una confusión en la escritura. Todos lo números son seductores (nada más estético y mágico que las matemáticas) paro cada cual tiene sus favoritos y los míos son el “cero” y el “infinito” (nada que ver con lo de Koestler) que serán más bien conceptos o tendencias, pero que resultan poderosas metáforas interpretativas. Si digo que a precio cero, demanda infinita, ustedes ya entienden por qué el gasto sanitario es incontrolable o que lo gratis tienen un indudable éxito que alguien pagará ahora o en el futuro. Pero si el infinito es inmanejable, el cero ha extendido su prestigio por doquier y así hablamos de déficit cero, tolerancia cero, cero defectos, cero absoluto (¡qué frío!), cero en conducta (homenaje a Jean Vigo), sin olvidar ese cero patatero que humilla al indispensable tubérculo. En 1970 se introdujo un método o procedimiento denominado “presupuesto base cero”  que ahora me dicen que los nuevos gobernantes en la Junta quieren aplicar, y que en síntesis consiste en abandonar los sistemas de mero incremento de partidas existentes para proceder a una revisión total (desde “cero”) de todas y cada una de las asignaciones. Es un proceso sistematizado, laborioso y complejo que ayuda a entender mejor las organizaciones, pero de una utilidad limitada en los resultados porque acaba en el atasco y en el remedio drástico del “café para todos”.

Lo que a mi me tiene desconcertado es la poca atención que se presta en esta Andalucía nuestra al proceso de negociación bilateral y opaco que se trae el Gobierno de España con la Generalitat de Cataluña y que, a mi juicio, forma parte de eso que llamamos un “juego suma cero”, o sea que lo que pierden unos lo ganan otros, presentes o futuros. No hay más cera que la que arde en los impuestos o en la deuda, y si allí hay más inversiones o subvenciones encubiertas, menos queda para el resto de España, y digo Andalucía. La Ministra, antes Consejera, de Hacienda lo tiene calculado. Esta conformidad nuestra tan reconocida, pienso que puede tener su origen en el percibido bienestar reinante, en lo contentos que estamos con nosotros mismos, en el menosprecio del futuro y en los dispersos intereses de los representantes políticos, tan poco ligados a su “circunscripción”, si es que ésta existe sustancialmente. Puestos a calificarles, merecerían un cero.

CEROC

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