Civitas

 

De los comicios convocados para el domingo 26 de mayo me interesan especialmente los municipales y entre ellos, evidentemente, las que conciernen a Andalucía y muy concretamente a Sevilla capital. Todos los procesos electorales nos afectan porque sus resultados tienen al menos un efecto directo sobre el equilibrio entre los partidos políticos; al fin y al cabo los vehículos principales de participación política en todos los ámbitos pertinentes, tanto nacionales como internacionales, léase europeos. Ante la acumulación de procesos electorales, el baile de miles de candidatos y la inflación de programas y propuestas, la primera reflexión conduce a reconocer la predominancia de la política y a temer los efectos económicos de la organización del Estado sobre el presupuesto, o sea sobre los impuestos. No sólo por el gasto directo, sino por el asociado a la actividad de tantos efectivos dispuestos a regular, a intervenir en nuestra vida solamente por el hecho de que se sienten ingenieros sociales en posesión de los planos del bienestar y de de la convivencia, y da lo mismo que se trate de liberales que de socialistas. Gobernar es intervenir, y en ironía de Voltaire, algo extremosa, todo consiste en quitar la mayor cantidad posible de dinero a una parte de los ciudadanos para dárselo a otros. Sea esto así o más complejo, el ámbito municipal es por la cercanía a los “hechos”, el sistema electoral, y las relaciones personales, un excelente terreno para la participación ciudadana y la democracia más directa. Estamos instalados en un proceso de “urbanización” galopante alimentado por la globalización, la demografía y la tecnología, cuyo inicio sitúan los expertos hacia 1800 y cuyo presunto final localizan en 2100. Los Estados-nación, maduros ya en el siglo XIX, aparecen superados por “arriba” (organizaciones supranacionales) y por “abajo”: grandes urbes, redes de ciudades, megalópolis, ciudades globales o como se quiera llamar a esas concentraciones de individuos, información, economía y cultura cada vez más gigantescas. Qué lugar se quiere para Sevilla es un objetivo que conviene desvelar.

Pero además la política municipal es la que roza de continuo la piel de la convivencia, de la vida personal y social más inmediata. Y nos enfrentamos en Sevilla con problemas de saturación turística, de movilidad generadora de desigualdades, de contaminación y limpieza, de barrios marginados; de infraestructuras básicas deficientemente mantenidas, y de macro proyectos ejecutados a medias o abandonados. El alcalde Juan Espadas desgranaba sus realizaciones en una gran entrevista el domingo en este periódico, y no le falta mérito. Persona eficaz, de actuaciones sin aspavientos, se presenta a la reelección y los ciudadanos le valoraran. No obstante, introduce una opinión pesimista sobre los sevillanos al afirmar que no hay alternativas a su programa. Y una sociedad sin alternativas es una sociedad enferma.

 

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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