Deprisa, deprisa

 

Abrumados con sus iniciativas no acabamos sin embargo de inmunizarnos y nos lanzamos detrás de liebres mecánicas como esta última del libro impúdico o esas bravatas mitineras que tienen al personal ocupado. La penúltima puede haber sido aquella en que se ufanaba de las muchas y buenas cosas que Sánchez ha hecho en siete meses, más por supuesto “que el PP en siete años”. Por las redes ha circulado la lista de esas cosas que los partidarios, partidistas y partisanos alaban y defienden frente a los escépticos opositores y a los 400.000 infieles socialistas que se quedaron en casa sin votar y todo por culpa de Susana Díaz. Pero como “todo se pega menos la hermosura” que decía mi madre, hoy oigo al presidente Moreno Bonilla darse a la hipérbole y a la fantasía presumiendo a voz en grito “que ha hecho en cuatro semanas más en el Gobierno andaluz que el PSOE durante cuatro años de mandato”. Y en un principio me he puesto a cavilar sobre una aspecto no accesorio: ¿qué ha hecho? Recapacitando he derivado por trochas menos transitadas para reflexionar sobre esta sociedad de la impaciencia, sobre la “nostalgia de las pasiones tranquilas” que titularía el filósofo Innerarity desde una perplejidad compartida. Mi primera referencia es bastante chunga tratándose de la homilía de un cura de barrio (cuyas fuentes no localizo) que asumía hace años que nuestra sociedad tenía como emblemas el kleenex, la aspirina y el microondas, entiéndase que simbolizaban el usar y tirar, la huida del sufrimiento (exaltación del placer) y, finalmente, la exigencia de rapidez, de inmediatez, el triunfo de la impaciencia. Más intelectual resulta la referencia al padrino y bautista de lo que llaman “La cuarta revolución industrial”, Klaus Schwab, inventor también del foro de Davos, cuando caracteriza la nueva revolución o revuelta por su impacto de los sistemas, amplitud y profundidad, y –ahí quería yo llegar-velocidad, o sea el microondas que decía el cura. De lo que nadie duda es de que los cambios, se aceleran más allá de la viejuna (1965) Ley de Moore que cada año multiplicaba por dos los transistores en un microprocesador, que todo es exponencial y, como poco, progresión geométrica que desplaza a la aritmética, y que a nosotros nos moldea y nos siembra de impaciencia.

Me indigna mi indignación ante mi ordenador que va lento (¿?), ante quien no me atiende con rapidez innecesaria, ante un viaje que duraba seis para pasar a dos y no se invierte millones para acortarlo media hora, y me indigna que los políticos fomenten la precipitación que siempre conlleva mentiras o chapuzas. ¿Quién salvará lo existente de la subitaneidad del tránsito, que decía Ortega? Deprisa, deprisa hacia la extinción puso Saura en 1981 a los quinquis de su peli. Ahora en los Goya sevillanos vi a Rosalía reinterpretar a “Los Chunguitos”: “Si me das a elegir/ entre tú y mis ideas/ aunque yo sin ellas/soy un hombre perdido”. Me quedo contigo. Eso.

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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