Descubierta

 

Este finde fui a Cádiz de descubierta. Para ver si todo estaba más o menos preparado para pasar el agosteño período estival y reconocer el horizonte que me espera, o que nos espera. Si es que fuera posible hacerlo. También para hacerme idea del plan. Esto de “en plan” se lo oigo mucho decir como coletilla a mis nietas adolescentes y no descarto que un posible objetivo sea aprender la jerga juvenil que incluye su lengua, habla y gestualidad. Me gustaría llegar a hablar su mismo idioma. Siendo ésta mi última columna de julio, me permito contarles impresiones e intenciones desordenadas, y ya iremos durante agosto haciéndonos confidencias y conjurando catástrofes. Porque adelanto que pretendo mantener un talante optimista aunque tenga que mentir o evadirme de la realidad, que viene a ser lo mismo. Lo más previsible que puedo adelantarles es que hará mucho calor, o sea como siempre, y que las famosas serpientes de verano serán caimanes. Lo demás todo es confuso, y si se busca alguna excepción hay que acudir al sentimiento y a lo íntimo “en plan” Miguel Hernández: “Menos tu vientre, / todo es confuso/ Menos tu vientre, / todo es futuro/ fugaz, pasado/ baldío, turbio”. El gobierno está confuso ante el derribo de un mundo que cierra una década tormentosa, lo están los ciudadanos, lo son los mensajes que enuncian imposibles obligados a ser posibles. Andan empeñados en que “de ésta salimos todos”, “más fuertes”, “sin dejar a nadie atrás”. Los “22” aplauden al líder (¡ese gurú Castells batiendo palmas!)  provocan vergüenza ajena y venden la piel del oso antes de cazarlo. Como siempre. Ahora la confusión se transmuta en desconcierto: nadie manda ni es responsable, las opiniones expertas son contradictorias, al virus se le trata como si tuviera razón y sentimientos, se proclama “esto no va conmigo” y “¡sálvese el que pueda!”.

Puesto todo en cuestión, elijo la estupidez que alaba la unidad en la diversidad (¡E pluribus unum!) porque algo cuestionable se ha mostrado nuestro llamado “modelo de Estado”, digamos de las autonomías, al que le han estallado las costuras. Asimétrico, injusto, manipulado por intereses espurios, generador de desigualdades. Tan pronto exigente de competencias distribuidas como necesitado de inútiles órganos de coordinación. Ahí Sánchez anduvo listo y se invistió en presidente, monarca, conducator, caudillo, mando único, que es lo que hace falta para ganar una guerra aunque sea ficticia o personal. Si viene a cuento y da réditos oportunistas volverá a “alarmarnos”. Se lo pediremos. Iglesias muleta, dentro o fuera, y Sánchez “for ever”. El mundo sigue girando, el levante soplando y el Cádiz en primera, mientras un ejército de desquehacerados nos mantiene atemorizados con la mala noticia de que los políticos al mando no se van de vacaciones. Aquí, en la Bahía, he reconocido el terreno y no veo enemigos cercanos. Serviola. Vigilaré el horizonte en las puestas de sol.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

 

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