El ascua y las sardinas

 

Tentado estuve de aludir al bucólico Pisuerga que pasa por Valladolid o a lo de llevar el agua a su molino, pero lo del “ascua” me suena más enérgico y preciso en relación con quienes se aprovechan de la situación para consuelo y beneficio propio. Confinados y paralizados, obedientes y persuadidos por las entrañables homilías impostadas de Sánchez y sus adoptados hijos políticos, parece aceptada una tregua política aunque seguida de la inquietante coletilla de que ya luego ajustaremos cuentas. Oportunidad para los pícaros individuales y colectivos que detectan un campo abonado para sus intereses, bien como buscadores de gangas o simplemente un lugar en los botes salvavidas. Y es que no es cierto, aunque sea estimulante, que “to er mundo é güeno”; o al menos no lo es “todo”, ni tampoco que las catástrofes saquen lo mejor y lo peor del ser humano, que otra cosa es la evidencia de que somos reservorios (término de moda) de buenos y malos sentimientos que afloran según y cómo. Algunos aparecen cuando la oportunidad la pintan calva porque estamos educados culturalmente (y no sé si biológicamente) en el oportunismo, por otro lado tan elogiado a la hora de comprar o vender, de marcar un gol, o de estar en el momento y lugar políticos, evidentemente “oportunos”. Intentando explicar los arcanos financieros empezaba yo proyectando en clase los ideogramas chinos que representaban la palabra “crisis” y que eran dos; uno que se traducía como “peligro” y el otro como “oportunidad”, y todo por animar al personal a enfrentarse a la crisis de entonces. Un estudiante se levanto y audaz me interpeló, “Eso no es cierto”. Y yo, sorprendido y racional, “Dígame por qué”. Y él, del barrio del Arenal, “Es que yo sé chino”. En adelante me cuidé muy mucho en plantear la ambivalencia peligro/oportunidad como una mera hipótesis a confirmar, pero sobre todo de preguntar si alguien en la clase sabía chino. En esta temporada de rebajas se razona que los chinos andan a la búsqueda de oportunidades: entre otras de menos cuantía aumentar sus exportaciones, aprovechar productivamente su más temprana salida de la pandemia o salir de compras de empresas baratitas en unas bolsas enloquecidas de volatilidad. Todo es posible, pero para exportar hace falta alguien que importe, para vender alguien que compre, y si compran gangas de renta variable es para que luego suban.

Para ser sincero más me inquieta el oportunismo político interno de los del “agitprop” separatista y extremista que históricamente nunca han dejado de aprovechar las crisis internacionales y nacionales, problemas y conflictos de toda índole e importancia, para ir avanzando poco a poco y sin desmayo en sus objetivos. Admirable. Mirabeau declaraba: “Todo me parece bien… todo tiene un asa, un agarradero” y Ortega en “Tríptico” añade: “La expresión es certera: el grande hombre político todo lo ve en forma de asa”.  O de ascua a la que arrimar sus sardinas.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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