Enseñanzas del papel higiénico

Tan habitual y humilde que sólo se valora cuando falta, identificado como “toilet paper” o “papel del culo” desde niño, y es que mi colegio de curas era tan interclasista que había desde hijos de diplomáticos hasta maquetos emigrantes con esa rusticidad de “al pan, pan, y al vino, vino”; producto tecnológicamente perfecto que es un verdadero icono de la civilización, que nos iguala a la vez que nos diferencia cuando “el tener o no tener” (“¡Mamá! ¡En este baño no hay papel!”), cuya ausencia nos inquieta y malhumora; epítome de la innovación en su materia, ya biodegradable, su forma (el rollo, ¡qué hallazgo!), sus ingeniosos soportes, su resistencia a la tracción, su textura, su manejo simple, y sobre todo por la imagen desasosegante de sus sustitutivos que incluyen piedras o hierbas y plantas variadas, heno, borra, lana. El Gargantúa de Rabelais hace una exhaustiva lista de limpiaculos que incluye el hinojo y la mejorana, cortinas y sombreros, almohadones, hasta llegar al pañuelo de terciopelo y canta las excelencias de una oca, ¡Dios nos libre!. Rollos indispensables que han dado pie a estudios sobre el rumor, el pánico, el acaparamiento, la enfermedad. Me interesé cuando detectamos que el consumo mensual se había multiplicado por tres, y yo era un veintiañero responsable de la gestión de stocks, de su rotura. Descartada la jocosa idea de que una cagalera afectara a los dos mil de plantilla, la explicación estuvo en una escasez puntual que provocó un acaparamiento preventivo que había rellenado las taquillas con rollos ociosos. Falsa alarma escatológica. No es raro que en cuarteles, internados o gimnasios cada cual quiera tener su reserva privada. Alarma y acaparamiento como los que provocó en 1974 el muy visto show americano de Johnny Carson al sugerir que entre las escaseces del momento también la había del apreciado papel higiénico, lo que propició un estudio clásico sobre el rumor, su difusión y sus efectos.  Así que no es tan chusco que, en nuestras circunstancias, algunos ciudadanos acumulen cual mormones y cuando se trata de “toilet paper” y de políticos mentirosos, mucho menos raro. Como no es lugar para hablar de la acumulación (“hoarding”), que si de dinero se tratara Keynes diría “atesoramiento”, me limito a llamar la atención sobre las repercusiones económicas a corto plazo, que “a largo” nadie sensato se atrevería.

Pero lo que si es muy probable, ya mismo, es que tendremos empobrecimiento inmediato, acaparamiento, más economía sumergida, injustos ganadores y perdedores, y mucha incertidumbre, y esto sólo se evita o palía con educación, persuasión y coacción. La parte positiva es que aumentará la innovación, la iniciativa, la responsabilización y Dios quiera que la solidaridad. Lejos de mí querer sentar cátedra y que me crean, pero sí les pido que reflexionen. A largo plazo, largo me lo fiais.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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