Nuevas o fortalecidas este abril que empieza se nos presenta con especies de animales desconocidos o menospreciados. Y no me refiero ni a los virus coronados, las cotorras de Kramer, los mejillones cebra o los cangrejos americanos sino a las que pueblan otros ámbitos sociales y económicos. Un mundo raro. Sabíamos que existían las “fake news”, los pseudo acontecimientos y las posverdades, bichos exóticos que abundaban en otras latitudes pero que la globalización y la pandemia han metido en nuestra casa. Teníamos sólo referencias lejanas de confinamientos y de toques de queda, pero aquí estamos a pique de un repique;  aquí todo se interviene y se cierra menos las bolsas, que conservar la liquidez es sagrado aunque bien que lo pagara la economía en el crack de 1929. El acaparamiento, la especulación estraperlista y el desabastecimiento eran cosas de abuelos “cebolleta”, pero aquí los tenemos, mientras esperamos sentados el milagroso advenimiento de la abundancia. De las noticias falsas (mejor que “fake news”) qué les puedo decir que no sepan o que no hayan pensado. Quizá que yo opino que la manipulación falsaria es la norma (la verdad es siempre la primera víctima), o al menos que la desinformación o información sesgada abunda en los emisores interesados que gobiernan y dicen saber lo que pasa, El resto nos mostramos extremadamente creativos en la utilización de las redes sociales, y más que “fakes” (¡tan novedoso!) lo nuestro son los castizos “bulos”. Y la posverdad se ha hecho dueña y señora de la anómala situación. Sánchez y los suyos apelan a las emociones, la identidad, la imitación de sir Winston, un continuo halago a colaboradores y público sufriente. Elaborada facundia retórica con reiterada marginación de los hechos, los “exitus letalis” que siguen aumentando.

Es cierto que las ciencias sociales no tienen la oportunidad de experimentación y de ello nos congratulamos los del común. A nadie le atrae “experimentar” una guerra o una recesión económica. Pero ciertos fenómenos que aparecen de forma moderada en situaciones normales se exacerban en intensidad y número en las crisis, Allí aprendemos. Uno de ellos son los “pseudo acontecimientos” falsedad consistente en montar un suceso para hacerlo pasar por los medios y transformarlo en noticia. En mítines y ruedas de prensa se evita que la audiencia presencial si es escasa o nula, salga en la tele. Ahora, sin testigos directos, es la norma. Su objetivo no es informar o debatir sino simplemente que los políticos protagonistas aparezcan. “¡Qué niño más bonito!” -“Pues tendrías que ver sus fotos”, ilustra Boorstin para reflejar que se valora más la imagen que la realidad. Y asegura que hay muchas celebridades que lo son porque son celebridades, ministros porque son ministros, y expertos televisivos porque son expertos televisivos, pero lo que dicen sirve para poco. Su fin es simplemente salir en los medios, casi siempre con posverdades.

 

 

 

 

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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