Euromaná

 

“Metafísico estáis”. “Es que no como”, responde el flacucho Rocinante a Babieca en famoso y cervantino diálogo. Respuesta enigmática sujeta a variadas y sesudas interpretaciones pero que aquí recojo para destacar la importancia del “comer” para descender de la “metafísica” a la física, a la realidad alimenticia más cotidiana porque al final ahí terminan las fantasías. Hartos los hijos de Israel de penalidades en su huida –lo cuenta bellamente el Libro- se quejan a Moisés y Aarón y añoran “las ollas de Egipto”, frase que ha quedado como expresiva metáfora: “¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad” (sic). Es como si ahora el empobrecimiento nos hiciera añorar una sociedad menos digitalizada y ambientalista, más rancia, al Estado centralista y al sindicato vertical.  Y el Señor, que es muy sabio, le dijo a Moisés que haría llover pan del cielo con sabor a torta de miel que llamaron “maná” y el pueblo elegido se calmó y siguieron viaje, que no hay como lo gratis, la expansión cuantitativa y el dividendo de ciudadanía para calmar a las multitudes. Maniobra siempre practicada por los políticos, que ya dijo Voltaire que su actividad consistía en quitar a unos para dar a otros, y especialmente en los populismos. Ahora es inevitable ante la catástrofe del parón en seco y la pobreza rampante, así que entiendan que no critico sino que simplemente describo. Otra cosa es que vaya a dar resultados óptimos y rápidos la lluvia de millones del “euromaná”, esos 140.000 millones de euros que al parecer le van a tocar a España, e insisto y admito que para recorrer un largo camino siempre tiene que existir un primer paso.

Si los llamados miembros “frugales” no introducen rebajas o vetos tendremos una “arquitectura” de transferencias y créditos de acuerdo con las prioridades sectoriales, empresariales y políticas pretendidas, pero que de inmediato tendrán una lectura nacionalizada, porque así es Europa.  Y luego en nuestro país el reparto o asignación puede ser un número circense con esa Comisión para la Reconstrucción Social y Económica que tanto ya ha dado que insultar y tanto está aportando a la discordia política. Aquí es donde vendría una digresión sobre la parábola del sembrador y las diferencias entre que la semilla (aquí monetaria) caiga en un suelo u otro, pero ustedes ya conocen la parábola. Queda confiar en Alemania y en la denostada burocracia europea para que la ilusión del milagro monetario se transforme en realidades aún a costa de ortodoxias y paradigmas económicos que han venido constituyendo la racionalidad en los últimos cuarenta años. Ojalá no enfermemos de efectos secundarios o de adicciones insostenibles. Porque “los hijos de Israel comieron maná durante cuarenta años hasta llegar a tierra habitada”. Ya es aguantar.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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