Excusatio non petita

 

Víspera de fiesta y el fontanero aparece a las siete de la tarde para sellar el desgastado desagüe de una bañera que hace que le “llovamos” a la oficina del piso de abajo. Desmonta, repara, recoge, cobra y le pregunto si ya “da de mano”. El hombre, joven, me dice que aún le quedan tres servicios. Vaya. Peor es no tener trabajo, filosofa. Ni se me ocurre extrañarme. Será andaluz o polaco que es el fontanero que para los franceses representa el símbolo de la competencia desleal. ¡Qué más da! Hace su trabajo, sin un mal gesto y se va. Es andaluz. Yo he trabajado mucho, en Andalucía, muy intensamente, en muchos tajos desde la docencia a la empresa pasando por la administración publica. Pero esto es cosa mía. Lo que es cosa de todos es que en mi entorno y durante cincuenta años todos trabajaban mucho. Soldadores, profesores, técnicos, ingenieros, albañiles, periodistas, funcionarios, camareros, abogados, empresarios, taxistas, y si me apuran hasta los políticos curraban lo suyo. Resultaba tan evidente, que ninguno de ellos hubiera esgrimido su esfuerzo y la dedicación a su trabajo para justificar que también reían, cantaban, holgaban y vivían. Holgazanes, los menos; tópicos folclóricos ya pocos y escasamente creíbles, ni por nuestros admiradores ni por nuestros críticos. Por eso se me enciende la vergüenza ajena cuando nuestro Parlamento de Andalucía encarga una campaña publicitaria con motivo de la exaltación del 4-D que incluye un video destinado a combatir los tópicos anti andaluces, entre ellos el que diría que nos divertimos mucho pero trabajamos poco. Insólito. Que a estas alturas del siglo XXI y a cuarenta años de aquel 4 de diciembre de reivindicación andalucista sigamos desmintiendo (“sabemos combinar la diversión con el esfuerzo”), a la vez que dando espacio al topicazo entre los tópicos, no resulta ni oportuno ni realista. No entro en las características técnicas del producto audiovisual, ni en su exagerada locución, ni en su cuestionada adjudicación, que eso queda para los políticos, para los semiólogos, para los expertos en comunicación, y, por qué no, para los sociólogos oficiales que algo podrían opinar al respecto.

Intento quitar hierro al tema considerando que yo no pertenezco a la audiencia objetivo, al fin y al cabo tan sólo un andaluz por decisión, que como todo converso tiende a la radicalidad, porque advierten que va dirigido a los jóvenes a través de las redes sociales, donde obtiene elevados indicadores de audiencia. Entonces es peor y mi vergüenza aumenta. ¿Necesitan nuestros jóvenes tan escolarizados, tan “erasmus”, tan “digitalizados”, tan viajados, una persuasión tan primaria, tan grosera sobre la laboriosidad de los andaluces? ¿Se necesita recordar esa obviedad que suena a justificación no necesaria “excusatio non petita”, de una culpabilidad interiorizada? Más que combatir los “tópicos andaluces”, sería mejor no fomentarlos. Y crear empleo.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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