Formas de vida

 

El empleado público entra a las 8, pero ya a esa hora sale a desayunar y no volverá –me advierte- hasta las 9 y cuarto, así que entonces será cuando podré entregarle la documentación reclamada. A media mañana, repite el descanso y el café. Es una costumbre, un derecho adquirido, algo irrenunciable. Un “lifestyle” con asentimiento colectivo y repercusiones sociales y económicas porque define el negocio de bares y cafés, el tráfico y los transportes, la productividad, la venta de prensa, la actividad de otros comercios (hay quien aprovecha para hacer la compra). No merece ningún juicio negativo moral o económico, ni un reproche, es simplemente un hecho nimio que pertenece a una manera de ser y comportarse, aceptada por todos e incluso celebrada como calidad de vida; una pieza integrante del puzle donde encajan elementos históricos, religiosos, económicos, culturales, y que no encajaría en otros rompecabezas de otras idiosincrasias colectivas. En esto de los estilos de vida fueron algunos psicólogos los que abrieron brecha. El austriaco Alfred Adler ya analizó sus componentes materiales e inmateriales y aventuró que sus cimientos individuales se fraguaban en la infancia, pero me interesa más la aproximación sociológica (los hábitos del conjunto) quizá por aquello de que nos hace diferentes como colectivo y explica mejor las confrontaciones grupales. El estilo de vida rural, el urbano, el consumismo, la clase ociosa, las “celebrities”, la economía de guerra, el “american way of life”, y muchos más coexisten y se entremezclan en nuestra sociedad con una cierta jerarquía en su influencia según épocas y localizaciones. Cuando una actitud se transforma en costumbre y se incrusta (el “habitus” de Bourdieu) con fuerza en la estructura y en el comportamiento social, produce un modo de vivir. Allí donde la droga arraiga en consumo o en tráfico la sociedad se ve afectada en su conjunto y produce una forma de vida difícil de cambiar porque desarrolla raíces socioeconómicas que se entienden como naturales. Así en los 80 y 90 en Galicia, ahora en Algeciras. La actividad minera (la experiencia andaluza es ilustrativa) produce una subcultura y una forma de entender la vida que cuesta superar y transformar. El cierre del carbón que pretende el gobierno no sólo afecta a unos centros de producción, sino a todo un entorno económico, a una educación, al devenir familiar, a la historia, a una cultura. Es una forma de existir. El capitalismo puede degenerar en la ley de la selva, en el darwinismo social, en la desigualdad más extrema. Conforma un tipo de sociedades volátiles propensas a las crisis pero también al crecimiento. El comunismo y sus mareas nos dejó la creencia en la universalidad de la sopa boba, del maná caído del cielo, nos dejó Hungría y Polonia. De las diferencias culpen a las formas de vida

El empleado público ya ha vuelto y cumplido. Satisfecho y yo diría que feliz.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

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