Gran preocupación nos embarga a todos con el futuro a que nos conduce la rebelión separatista y las medidas que el Estado de derecho aplica para reconducir una situación insólita y extrema que pocos hubieran pensado vivir. Sin embargo, ni los mejores analistas, ni los políticos, ni los propios actores son capaces de vislumbrar un paisaje final, más allá de la expresión de sus propios deseos. Define la Real Academia de la Lengua el modo subjuntivo como aquel “con que se marca lo expresado por el predicado como información virtual, inespecífica, no verificada o no experimentada” e insiste la denostada y utilizada Wikipedia en que refleja “diferentes valores, entre los cuales suelen estar las afirmaciones hipotéticas, inciertas, o los deseos”. Su futuro (“fuere, estare, tuviere”) está en desuso y existen otras formas de expresar la posibilidad, la existencia de incertidumbre, la actuación en caso de que algo ocurra. En el caso de la DUI, del 155, de la acción de la Justicia, del gobierno y de los rebeldes, nos hemos reencontrado con el futuro de subjuntivo. Si eso fuere, negociare, pacificare, razonaren. Aunque también pudiera ser que España y Cataluña se empobrecieren, a los culpables se encarcelare y la paz social se perdiere, aunque el derecho triunfare. La predicción del futuro es tarea ingrata, incluso en los asuntos que tienen una base racional. Herbert Simon, Premio Nobel de Economía en 1978, asumió que el juego de ajedrez podía programarse en un ordenador como un árbol de decisión, con todas las posibles acciones y reacciones de los jugadores, pero al investigar cómo pensaban en realidad los grandes maestros encontró algo más. Me detengo para reconocer que la política tiene sólo un pequeño porcentaje de racional, y que pretender que un ordenador despeje el horizonte del porvenir es una estupidez. Pero ese “algo más”, que reconocía Simon en los mejores jugadores, era un “vocabulario de modelos” creado por la experiencia: “esta situación la he visto antes, se actúa de esta manera y se consigue aquello”.

En las circunstancias actuales hay quien saca a escena como modelo o situación ya vista el golpe de 1981, los sucesos de 1934, a Batet, a Companys, las elecciones del 36, el frente ”populoindependentista” y luego la bronca civil. Pero es obvio que las circunstancias políticas y económicas actuales, son otras. Además, de forma más objetiva, la demografía y la tecnología son variables externas que hacen que todo ahora sea distinto. El envejecimiento de la población y el protagonismo de los “millennias” es novedad. Lo son también las redes sociales, los “dispositivos electrónicos”, los medios de comunicación, y hasta las tecnologías específicas para reprimir disturbios con los menores daños. Aquí no debe haber víctimas. ¡A votar! No hay otra. La noche de los transistores ya es la de los “smartphones”. La situación será diferente, “sea la que fuere”.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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