Galería de heterodoxos (II)

 

Sigo aquí con mi galería de gentes que piensan distinto al común, al dogma social dominante, heterodoxos y quizá herejes o apóstatas, y lo hago metiéndome en un jardín lleno de unanimidades, reacio a cualquier poda y reforma, y ya les digo que se trata, ni más ni menos, de la formación, de la adquisición de actitudes, conocimientos y habilidades. Ruego que entiendan la provocación oportunista y frenen sus ansias de lapidación hasta que la reflexión matice sus naturales instintos. Hay unanimidad gregaria sobre la santidad de la sociedad del conocimiento, sobre que tenemos la juventud mejor formada de la historia y, el vulgo, sobre que el saber no ocupa lugar. Entonces aparecen unas minorías de sociólogos y de economistas sugiriendo que nada de esto tiene que ver con la creación de empleo e incluso con la felicidad, salvo que se entienda que hay un placer masoquista en no poder vivir de lo que uno ha estudiado y sabe. Ya hace años algún publicista y divulgador renegaba de la tradición intelectualista que arrastramos desde Aristóteles y rebajaba la superioridad de la teoría, o al menos de su obligatoria precedencia a la práctica. Chocante para mí, que llevo años predicando lo contrario, repitiendo con Leonardo que la teoría es el capitán y la práctica son los soldados, y que no hay nada tan práctico como una buena teoría. Hace diez años Malcom Gladwell salió diciendo que los Beatles, Bill Gates y hasta el físico Oppenheimer sabían poca teoría de lo suyo pero habían practicado mucho y desde jóvenes, y en eso residía su éxito. Ya puestos, tampoco creo que Nadal, ni nuestra Carolina Marín, ni Messi sepan algo de dinámica, elasticidad o cinemática, y ahí están victoriosos y contentos. Gladwell se inventó la regla de las 10.000 horas, como las necesarias de prácticas para dominar una especialidad y, más o menos, a esas 1.800 horas anuales de cualquier convenio que se precie, son casi cinco años lo que se merece cualquier buen ejercicio profesional.

Menos pintorescas pero más preocupantes resultan las conclusiones de los investigadores que han relacionado formación con empleo, utilizando los datos de las últimas crisis en España, para concluir que el problema del paro y su solución “está más cerca de las empresas que de la formación”. Siendo los grupos de no cualificados los más resentidos en cada crisis, la mejor formación permite adelantar posiciones en la cola del paro, pero no afecta a los datos globales ni a la eficiencia colectiva. Eso sí, todos los grupos implicados están de acuerdo en la expansión de la enseñanza reglada porque viene bien a los respectivos intereses corporativos. La formación no es ni mucho menos el eslabón más necesitado de refuerzo en el proceso de creación de empleo. Se actúa sobre la formación, dicen, porque es más fácil y nadie se opone. Si al menos mejorara la educación en valores y en convivencia podríamos callar a los heterodoxos.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

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