MURO DE LAS LAMENTACIONES

MURO DE LAS LAMENTACIONES

MURO DE LAS LAMENTACIONES

Los dados de Dios.Más allá de las serias reflexiones de Einstein o Stephen Hawking sobre el determinismo científico, los dados de Dios (¿juega Dios a los dados?) toman a veces formas de terremoto o volcán. Para los cuatro militares fallecidos en el accidente del helicóptero en Haití, el seísmo no ha sido directamente una catástrofe natural, sino una causa añadida a un sinfín encadenado de causalidades de carácter personal o público, algunas de las cuales habrá que investigar por si hubieran sido evitables. Descansen en paz. Para miles de personas, un volcán ya no es una ilustración en un libro de geología, un “portento” que describiera Plinio el Joven sobre Pompeya, o un argumento de película de catástrofes, sino un puñetero inconveniente que les ha dejado tirados en los aeropuertos europeos, cerrados por esa nube tórrida y viajera que oficia de plaga bíblica. Sigo con atención y solidaridad lo que divulgan sismólogos y vulcanólogos acerca de la impredicibilidad de los fenómenos que estudian y sobre la capacidad, sin embargo, de prevenir prudentemente sus efectos, quizá porque algo de eso ocurre con un buen número de acontecimientos económicos y financieros que escapan a las responsabilidades individuales y racionales. La incertidumbre es ignorarlo todo del futuro; el riesgo, ACEPTA la posibilidad de atribuir probabilidades a cada apuesta; y la certeza supone que los dados están “cargados”, trucados como sólo Dios siempre, y a veces alguna ciencia, pueden hacerlo.

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