Gentes de orden

 

En el antiguo régimen la gente de orden eran las personas conservadoras, amantes de la estabilidad y la seguridad, es decir de aquello que se encomendaba al Estado antes de que éste fuera interviniendo en todo sin exclusión de nada. “Yo no me meto en líos que soy gente de orden”, y en el mundo, aquí y allá, la declaración servía tanto para el roto de la aceptación resignada de un régimen fascista como para cualquier descosido de dictadura comunista, tanto para Pinochet como para Castro. Los “de orden” se supone que se adscriben a algún tipo de estrato social caracterizado por la riqueza, por el privilegio, por la aversión al cambio o por algún rasgo “demográfico”, sea el sexo, la etnicidad y, sobre todo, la edad y la pertenencia a una cohorte (generación) con experiencias anteriores condicionantes. Los “mayores” son casi todos “de orden” y no es un caladero de votos donde acostumbre a pescar la izquierda con tics revolucionarios. Es más, hasta la aparición de los peligrosos desequilibrios en nuestro sistema piramidal de pensiones, los pensionistas eran objeto de crítica envidiosa, cierto que preferentemente aquellos perceptores de pensiones más altas, precisamente los que más han cotizado al sistema. El método de reparto funciona hasta que aparece una recesión duradera y se sobrecarga el sistema con más fuentes de gastos que de ingresos, causa generalizada de la crisis de la socialdemocracia en Europa, sobreviviente precaria durante esos “treinta gloriosos” años a partir de 1945. La causa de muerte natural más frecuente de los mecanismos de solidaridad es el abuso, y de la generosidad en importes, beneficiaros y gorrones se ha abusado en todo lo “gratis”, desde la sanidad a la educación. El recurso a la confiscación y al expolio de los “ricos” ya no cuela, porque es una solución coercitiva que acaba en totalitarismos ineficaces y porque tampoco es sostenible económicamente. Ahí tienen el ejemplo histórico de la decadente madrecita Rusia (su Producto Interior Bruto es inferior al de California) y a Putin produciendo a destajo millonarios en serie.

Dicen los expertos que los mayores crecemos en longevidad, morbilidad, rutinas, y también en miedos que se expresan a través de los numerosos métodos de participación política, desde el voto hasta las manifestaciones callejeras, pasando por las presiones de grupos o movimientos sociales. Ningún partido, y menos los de las “gentes de desorden”, va a dejar de utilizar ese instrumento de desgaste del oponente y de recolección de votos. Eso no impedirá que, como gentes de orden, los “yayos” sigan votando conservadoramente, como siempre. La buena noticia es que lo de las pensiones se va a arreglar. Cuestión de números, y lo cuantitativo siempre se arregla (lo de Cataluña no tiene solución desde que dejo de hablarse de números). Otra cosa es de dónde se va a sacar el dinero y quién vaya a pagar la factura. Eso es lo que hay.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejadoGentes de OrG

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