La feria, según te va

 

Me felicito porque ahora comienza una temporada excelente con más sosiego, con menos ruido, con unas fiestas más íntimas. En mis cuarenta y ocho años de sevillano de adopción siempre he saludado con alegría y algo de alivio el final de ese período que abarca desde las navidades hasta los fuegos artificiales de final de feria, y se otea ese horizonte donde surgen con luz propia días que brillan más que el sol, pero que no convocan persistentes multitudes ciudadanas. Reconozco mi falta de querencia por las actividades gregarias y ruidosas, pero aún así disfruto con la Feria, como con casi todo aquello que sea elegible a voluntad y que produzca en el prójimo una alegría y entusiasmo manifiestos, o un interés económico legítimo. Reputados antropólogos andaluces han estudiado las ferias, romerías y fiestas andaluzas, y muchos economistas han echado su cuarto a espadas para calcular el impacto de las mismas sobre buen número de indicadores de renta o empleo. Mea culpa, yo he participado en alguno de estos estudios que tratan en ocasiones de buscar una justificación monetaria a la alegría, al ocio, a la religiosidad o a la sociabilidad, pero yo ahora creo que los andaluces no necesitamos justificarnos ante nadie. Normalmente a instancias de parte, estos análisis sobre el impacto directo, indirecto o inducido de actividades festivas o productivas tienen gran dificultad al carecer de datos intersectoriales (input-output) y ser inestables en el tiempo, y conducen a resultados sorprendentes e incompatibles. Hace poco, un análisis del impacto de las universidades concluía que un euro invertido en ellas se convertía en un aumento de cinco en el Producto Interior Bruto lo que entronizaba un prodigio que descalificaba otras alternativas de inversión pública. No dudo que la Feria de Sevilla (el Real, los toros son punto y aparte) de este 2018 ha sido un éxito o al menos el mayor compatible con las inclemencias del tiempo y las condiciones del entorno. Nos dirán los resultados monetarios que siempre favorecen más a la redistribución que al crecimiento de la renta, lo cual no está mal. La avalancha de datos positivos será enorme, y del coste y eficacia de los servicios públicos (taxi incluido) alguien sí debería hacer un informe. Yo confieso que he pasado una buena Feria, he disfrutado con mis nietas, he compartido con mi familia, he reencontrado amigos de siempre, y he mantenido una asistencia soportable. Al fin y al cabo, “bien conozco que hablas de la feria según te va en ella”, que le decía Melibea a Celestina.

Lo que nos espera es, al menos, más tranquilo porque nuestro empleo es también estacional. Si ustedes contemplan las gráficas del paro registrado que proporciona el Servicio Público de Empleo Estatal, verán que todos los años desciende de abril a julio, luego se estabiliza para volver a crecer en septiembre. También la economía nos sosiega tras la feria.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

Dejame tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *