La jornada

 

Me refiero a la jornada electoral del pasado domingo en que a media tarde me puse a comentar los resultados. No me sentía ni futurólogo ni profeta, sino más bien como aquel borracho del chiste que busca las llaves de su casa en el suelo bajo un farol encendido aunque las había perdido a muchos metros de distancia, pero allí tenía luz. Porque yo tenía tiempo para reflexionar sobre una información de la que carecía (los resultados), al fin y al cabo como miles de individuos pensantes que durante semanas habían realizado infinidad de cálculos, conjeturas y recetas solamente sobre intuiciones, intenciones o meros indicios, pasados por el pasapurés de teorías imperfectas cuando no desmentidas. Sin duda la razonable interpretación de la realidad numérica se publicaría el lunes con todo el pescado vendido, pero esta columna tiene fecha de publicación los martes así que llegaría tarde, con menos rabiosa actualidad, en una segunda o tercera ola hermenéutica. Escribo lo de “razonable interpretación” con ciertos reparos y obligada indulgencia, porque hasta las municipales y las que vengan no va a ser fácil hacer valoraciones ni tampoco aventurar las posibles hibridaciones, alianzas y fugas que puedan pergeñarse, pero reconozco que los datos son los datos y que lo mío fue un cierto ejercicio de oportunismo y fantasía. Antes del cierre de las “mesas” y del comienzo del recuento las constantes temáticas eran las conocidas: la incógnita de VOX, la cuestión de quién gana “versus” quién gobierna, las alianzas posibles y la incidencia de la España “vaciada” (sic). Y según avanzaba la tarde resaltaban los datos del gran incremento de participación que mantiene una tradicional correlación con el avance de la izquierda. Todo este menguado acopio de novedades era exaltado en alguna TV por una locución propia de una final entre el River y el Boca Juniors.

Ya en la corta noche, las urnas habían confirmado las previsiones de las primeros sondeos y de muchas encuestas, que ya no sabe uno qué resulta más distraído si el fracaso de las mismas o su acierto sobre lo que a todas luces resulta más obviamente previsible. Que ganaría el PSOE ya estaba dicho, también que la escisión de la derecha la perjudicaría en escaños, que el PP se desplomaría (quizá no tanto) y que VOX entraría en el Parlamento. Ciudadanos ya había proclamado “urbi et orbe” que no pactaría con los socialistas. Así que verde y con asas. Lo demás, matices de desigual importancia (mucha para los protagonistas, menos para el público en general) y las conocidas constantes históricas de la patria demediada, como esa del inevitable poder decisorio de los separatistas vascos y catalanes. Mandará Pedro Sánchez, un triunfador sobre los suyos y sobre los otros, y en sus manos poderosas encomendamos nuestro espíritu, nuestro bienestar y nuestro bolsillo. Ayer lunes la Bolsa abrió con pequeñas pérdidas y la prima de riesgo bajó. Moderadamente. Ya ven.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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