Echar leña al fuego

 

Buceas en la red internet de marras y un tipo curioso como yo no sabe hasta dónde va a llegar animado por los enlaces y por la posibilidad de serendipia (busquen en el diccionario de la RAE). La ruta empezó porque escuché a Enric Juliana decir que no era independentista y citar con admiración a Josep Pla, el “pagès de l’Empordà”, derechoso “aunque” genial, y de ahí me fui a mis/sus libros y luego a los videos subidos a la red. Otra vez encontré a Juliana presentando un reportaje biográfico de Pla en la 2, y en otro video, al hilo de la entrada de los nacionales (sic) en Gerona, topé con un José Antonio sentenciando que “España ha venido a menos por una triple división: por la división engendrada por los separatismos locales, la engendrada por los partidos, y la engendrada por la lucha de clases”. Y entonces abandoné la búsqueda algo frustrado, y ahora les ayudo: “serendipia” es “hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual”. Pero enseguida irrumpió otra vez el “proceso” (nada más kafkiano) de la mano de la educación. El Gobierno quiere que se cumplan las sentencias judiciales a favor de los derechos de los catalanes que desean recibir enseñanza en español en la forma que la ley establece, y mis contertulios, todos ellos andaluces hasta las cachas y más allá, me espetan que la ley fue una maldad del molesto Wert, que el catalán es en Cataluña un ascensor social (sube a los inmigrantes al piso de los burgueses), y que el idioma es el núcleo de la catalanidad, lo cual suena a aquello de que muchas razones equivale a no tener ninguna. Uno, simplemente se ciñe al cumplimiento de la ley, pero la insistencia deriva entonces hacia la inoportunidad: la pretensión del gobierno, dicen, es como echar leña al fuego. Lo de la leña está más claro que lo del fuego, o de quién lo provocó, quién lo alimenta, o quién hace una política de hechos consumados y de tierra política quemada. La proclamación de una república independiente, la fuga de los responsables, el desprecio a todo lo español resultan iniciativas incendiarias.

Es evidente que el asunto está que arde, entre otras cosas porque ya se ha abandonado el enfoque de la racionalidad y de la funcionalidad, y por lo tanto de la economía. De las fracasadas aproximaciones jurídicas hemos pasado al terreno de lo emocional y sentimental, como si fuera un espacio donde las soluciones fueran más justas y fáciles. Se afirma que no se puede “usar” el 155 para restablecer la legalidad vulnerada, incluyendo la que afecta a la educación, y lo afirman también los que se ven poniendo sus barbas a remojar. ¿Entonces, para qué sirve? La socialización política educativa, tanto en su vertiente de identidad partidista como de legitimación del régimen, está en manos exclusivas de una mitad de los catalanes. Y además postergando el español. Ese es el fuego verdadero y peligroso. Y también la leña aportada año tras año.

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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