Lo que no se ve

 

Lo que no se ve es que debajo de una hermosa Plaza Nueva hay una estación de metro, que detrás de una Avenida falsamente peatonal y un llamado metrocentro hay un paliativo electoralista; que tras las comisiones y comisionados se oculta el fracaso de las acciones integradoras de ciudadanos marginados para siempre, o que la razón de que un hermoso y moderno puente sea incapaz de absorber el tráfico son las incongruencias en las asignaciones presupuestarias y en las decisiones políticas. El libertario y decimonónico Claudio Federico Bastiat se atrevió a afirmar que los malos economistas se limitan a analizar los efectos visibles, mientras que los buenos también observan los que no se ven en el presente pero se harán visibles en el futuro, y la afirmación creo que sirve también para ingenieros, médicos, periodistas, sociólogos, en fin, para todo quisque con un mínimo de decencia y responsabilidad. Sin embargo la política padece de “presentismo”, de “cortoplacismo” o como quieran ustedes llamar al afán de salir del paso como sea para mantenerse en el machito: “tente mientras cobro”. El asunto es de una importancia extrema cuando no se trata de hacer un apaño para dar gato-tranvía por liebre-metro, sino de comprometer la paz y la cohesión nacional futura a cambio de conseguir alianzas para seguir gobernando. Bastiat, un panfletario liberal que anticipó algunas cuestiones muy actuales, calificó al estado como una ficción social con la que cada individuo trata de vivir a costa del resto, un ente que se proclama infalible para poder ser despótico, un “producto” político que cada grupo trata de poner al servicio de sus intereses. No es raro que haya sido favorito de Reagan y maldito para cualquier intervencionista o proteccionista, Trump incluido.

Sin embargo, en la situación actual la previsión de las consecuencias futuras de las acciones presentes y pasadas es una exigencia elemental y urgente. Vivimos de prestado, del déficit, y el déficit son impuestos actuales o futuros. España debe ya el 97,4% del PIB, y es manifiesta la tendencia al alza en cantidad y coste en un sistema drogado con liquidez. Los iletrados de la izquierda apoyan el endeudamiento y afirman que “los estados no quiebran” (copyright de Podemos) obviando que hay pocos conflictos internacionales que no hayan tenido detrás cuestiones de endeudamiento, y que la pertenencia al club “euro” exige estabilidad presupuestaria. Consciente Europa y reducido el déficit, se trata ahora de apuntar al otro objetivo: colocar la deuda (que hasta ahora ha sido una variable “suelta”) en el 60% del PIB, objetivo inalcanzable con las reglas de gasto actuales. Así que de la austeridad vamos a pasar a la imposible búsqueda del superávit para pagar deudas. Merkel y Macron ya están en ello. Lo que vemos, diría Bastiat, es un discreto y amenazado crecimiento económico. Lo que no vemos es quién ni como se pagará.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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