Memoria en agosto

 

Agosto es un mes propenso a la memoria, al menos en mi caso. Pienso que quizá sea porque cierto vacío producido por la ausencia de habituales rutinas succiona temas en el pasado, a veces por sorpresa; o porque está lleno de hitos fácilmente identificables relacionados con la temperatura, el ocio o la familia extendida; o porque ha sido habitado por personas transitorias, relaciones fugaces, inconclusas. En todo caso, me es más fácil comparar entre agosto y agosto (quizá entre verano y verano) que, pongamos, entre marzo y marzo. La memoria es una facultad indispensable, fundamento de la razón y del instinto que en tantos animales se revela como una forma superior de inteligencia. Dicen los psicólogos que se recuerdan mejor los sucesos interrumpidos que los culminados. Ese efecto se encuentra en el meollo de las estrategias para mantener la atención durante los tropecientos capítulos de cualquier culebrón que se precie. Desconozco cuales sean las reglas nemotécnicas de mis recuerdos, y tampoco si mis recuerdos los son de verdad. El tópico recurrente es que cada vez tengo menos memoria aunque no recuerde exactamente que quiero decir con esto. Eso sí, veo crecer a mis nietos entre veranos, repetirse acontecimientos y actitudes, exclamar ¡cómo pasa el tiempo!, y para eso alguna memoria hay que tener. Algo de esto tiene que ver con la historia (realidad o ciencia) pero no mucho, de ahí que resulte algo controvertible lo de la “memoria histórica”. Mucha reflexión ha movido la contraposición entre el devenir lineal y el devenir cíclico, y no pocos han intentado la síntesis o superación de ambas teorías. Las ideas más ilusionantes y fracasadas de la humanidad han tratado de la conciliación de contrarios, de armonías, de superación de “cleavages”, grietas o fisuras: entre sexos o géneros, centro y periferia, “have” y “have not”, capital y trabajo. ¿Qué cambia y qué permanece? Me contestan: fijo, el mono desnudo (y la mona), llámenlo naturaleza humana; variable, los artefactos, o sea las tecnologías.

Así caigo en sitios tan pintorescos como el primer bienio republicano. Separatismos rampantes, leyes a favor de “colectivos”, republicanos de buena fe con socialistas “sorpasados”, intervencionismo “de parte”, empresarios (antes patronos) desconfiados (“socialización en frío”, advertían); monarquía superada, capitalismo de amiguetes, corrupciones a diestra y siniestra, anarcosindicalismo informal, crecimiento de los extremismos, crisis económica en el entorno e inestabilidad interna. La historia se repite como tragedia, farsa, noticia falsa o distopía, o como simple amenaza presentista. O no se repite, al menos para algunos. Memoria histórica, memoria personal. Me felicitan y desean lo mejor. Lo agradezco. Agosto tras agosto. En el Chofre donostiarra toreaba Manolete y “Little boy” y “Fat man” habían “caído” en Hiroshima y Nagasaki. Por suerte no se ha vuelto a repetir. Disculpen, hoy es mi cumple.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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