Menús en agosto

 

En el bar donde a veces ceno frente a la Bahía y las puestas de sol, han cambiado la carta. Me refiero, claro, al grasiento y deteriorado cuadernillo manoseado mil veces, que no a los platos que ofrece. Los menús de agosto obedecen con fidelidad a la estación además de a los habituales factores geográficos, económicos y sociales (modas y tendencias, incluidas). En este bar casi playero que mira a poniente, los platos se agrupan en los clásicos apartados, para con ellos confeccionar menús individuales o compartidos. Los nombres son simples y no exigen traducciones al lenguaje corriente. Se entiende lo que puedan ser los huevos con patatas y jamón,  las coquinas de El Puerto, las pijotas y acedías, o el menudo con garbanzos que por cierto lo bordan. Más aclaraciones sobre los ingredientes y su elaboración pueden ser reclamadas, pero no se dan de oficio. Una información fundamental es siempre el precio, que resulta razonable salvo que caigas en la trampa saducea de los “fuera de carta”. Entonces cualquier atraco es posible. Como todo lo imprevisible, tiene su punto de emoción. Una variante hostelera de este tipo de desinformación suele ser la utilización, para componentes caros con precios volátiles, de la expresión “según mercado”, pero esta sutileza todavía no ha llegado a mi chiringuito y por lo tanto no puedo criticarla tal como habitualmente hago. Iglesias ha entregado a Pedro Sánchez una “carta” con trece grupos de platos y cuatro platos combinados que denominan “Propuestas de estructuras de gobierno” para que los socialistas confeccionen un menú compartido para un “gobierno de coalición”. En 119 páginas se recogen multitud de platos, todos ellos propios de la “socialización en frío”, vieja cocina casera de inspiración populista, carta con pretensión exhaustiva y redacción plúmbea. Muchas recetas se presumen aceptables y tienen origen reconocible en las tropecientas organizaciones de la sociedad civil, colectivos o movimientos sociales (que de muchas maneras se nombran) que han escrito su carta a los republicanos  magos. Difícil no estar de acuerdo con tanta generosidad y munificencia. Leída con atención y esfuerzo se encuentran platos atractivos pero poca novedad y mucho refrito, quizá porque replica un programa electoral de próxima utilización.

Sin entrar en harina, se hecha de menos que en la carta no figuren ni se hable de los precios, o sea de costes. Es tanta la fascinación por el maná, el “gratis total” y el “ya pagarán los ricos”, que se prescinde de este detalle “accesorio”. No le regateo al documento la belleza de toda utopía, pero tampoco la fantasía que antecede a nuestras históricas decepciones. Lo que más me escama son los platos fuera de carta que se vislumbran y vendrán. Lo visto son pamemas comparado con la clavada que nos pueden dar. En agosto me pido un tomatito con sal y unas papas aliñás. Barato y previsible. Eso sí, con el lujo elitista de una copa de manzanilla.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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