Milagro presupuestario

 

La agencia Fitch ha decidido mantener la calificación de la deuda española en un nivel más que aceptable (A-, con perspectiva estable, un notable “pelado”) lo cual resulta ser una noticia positiva, aunque no sé si duradera. Ya saben que las agencias de “rating” valoran a través de métodos teóricos y empíricos el riesgo de servicio y devolución de la deuda de los países, y como el riesgo incide en el tipo de interés resulta una valoración muy relevante. Teniendo España un endeudamiento de más del 100% del PIB, el dato es significativo, más aún si se acompaña de comentarios que contrastan con nuestra experiencia cercana. Así, Fitch afirma que no se espera “un cambio señalado en la política económica o fiscal con el nuevo Gobierno” y que “el nuevo Gabinete tiene una composición y un tono moderado, y pro Unión Europea, y ha señalado ampliamente la continuidad en la dirección macroeconómica” (sic), y uno sólo desea que los “calificadores” sean analistas certeros y profetas de éxito. Al presidente Sánchez hay que reconocerle la habilidad para formar un gobierno variopinto que los mismo vale para un roto izquierdoso que para un descosido “euroliberal”, y también para anunciar medidas confusas, lejanas o impracticables. No es extraño que tanto oportunismo, despiste. Viene de la época victoriana el dicho de que en toda boda la novia debe llevar algo viejo, algo nuevo, algo prestado y algo azul, y les dejo a ustedes el juego de adscripción de los ministros a cada apartado siempre que no se me olviden de los sólidos “viejos” Borrell y Planas y del novísimo y esperanzador astronauta. Yo me fijo en lo “prestado” que va a ser más “mucho” que “algo”.

Ejemplo de ingeniosa diversificación son las ministras de Economía y de Hacienda, una liberal y la otra socialista. A Sánchez le dijeron que no enviara a Europa una radical, que no está el horno para Varoufakis actualizados ni pseudopodemitas sobrevenidos, y eligió bien. Nadia Calviño, una bruselense, conocedora de las interioridades presupuestarias europeas, que inspira confianza sobre la superación del procedimiento de déficit excesivo, y que hace decir a Fitch lo que dice. Al núcleo duro del socialismo no les gusta mucho e intentan rodearla de guardianes de las esencias, y como contrapeso ahí tenemos a nuestra María Jesús Montero retrasando a 2.022 el cumplimiento del objetivo del déficit y rechazando el necesario recorte del gasto de 11.000 millones de euros en 2018, porque hay muchas hipotecas políticas que pagar, y muchas comunidades autónomas que consolar. Se confirma el dudoso estereotipo de que el gasto y el déficit son de izquierdas, y el ahorro y el rigor presupuestario de derechas, y así vamos tirando frente a la evidencia ineludible de que, a pesar de la mayor presión y esfuerzo fiscales, el déficit crece y con él la deuda pública. Pero conseguimos mantener su calificación. Por ahora. Un milagro de Calviño y Montero.

Manuel Ángel Martín

@eneltejado

 

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