Minuto y resultado

 

Requeridos a opinar los más sensatos disponen de algún método, de conocimientos básicos y de datos, pero ¡ay! es que éstos varían continuamente y así no hay quien apueste por el futuro. El criterio para juzgar se basará en el resultado (“bien está lo que bien acaba”) y menos importará el “juego bonito” o, en el caso al que vamos, si las autoridades sanitarias comunicaron bien o mal, fueron prudentes y previsoras, y si los gobiernos actuaron correctamente en el ámbito sanitario y económico. El hecho es que las bolsas se desploman, el petróleo se hunde, el euro cae, cada vez más sectores productivos se ven afectados por el dichoso bicho y las ministras del ramo diciendo tonterías de catecismo político. Uno, que como el diablo sabe más por viejo que por estudioso, se informa en fuentes fiables y razona que lo que proponen (bajar tipos de interés, aumentar gasto público, bajar impuestos, intervenir los mercados, medidas bancarias) aquellos a quienes todos copian, sólo sirve para que los inversores y consumidores se lo traguen, cambien sus expectativas y confíen, sobre todo en la providencia y en la llegada del calor. Añado que lo que realmente me legitima es que yo también soy un perdedor –espero que transitorio- de parte de mis ahorros (las “familias” son propietarias directas del 17,2% de las acciones españolas cotizadas), y me afecta que la recuperación sea en “V” o “U“, o que no sea. De Keynes, gran jugador de bolsa que no era necio, aprendimos que lo de menos es el valor intrínseco y lo de más el precio, que lo refleja todo y en especial la actuación de la multitud de inversores, y no veo yo muy animados sus “animal spirits”. Los míos cercanos me tranquilizan con variados tópicos como aquel de que “no se pierde hasta que no se vende” y nuestra estrategia doméstica es la modesta de “comprar y mantener”. “Buy and hold”, la misma que sigue, sin arruinarse, Warren Buffett. Yo arguyo que me transformo en algo tan racional como un inversor a largo plazo, es decir en un inversor a corto que se ha equivocado, y que las informaciones de minuto y resultado en víctimas me provocan el stress de reprimir el impulso de salir corriendo del mercado.

En fin todo depende del patrimonio invertido, de la duración de la pandemia y de la eficacia de esas llamadas a la tranquilidad que a veces suenan como aquello de “no corráis que es peor”. Cierto que lo más importante es la salud y el amor, y que el dinero no da la felicidad (aunque sea más controlable), pero (otra vez Keynes) a largo plazo todos muertos. Me juzgaré a mi mismo y a los demás por los resultados, porque aunque el “resultadismo” sea objeto de actualidad deportiva (ganar como sea), en la dirección por objetivos es más antiguo que el campo: sólo si los consigues, cobras el “bonus”. Así que antes de prodigar justos elogios a los talantes y a las medidas, tan diferentes según países y situaciones, esperemos al minuto final, al resultado definitivo.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

MINUTO Y RESULTADO

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