Mueve montañas

 

Hace años se incluía en los programas de Finanzas de las universidades y escuelas de negocios un tema dedicado a la definición y cálculo matemático de los índices bursátiles, asunto que en el actualidad me parece superado por su superior carácter icónico. Los IBEX 35, Nikkey, Dow Jones, Dax, FTSE 100 y demás familia actúan como sustancias euforizantes si suben, y depresoras si bajan, para millones de personas que ignoran lo que son, como se construyen y para qué se utilizan. Sin embargo la economía está infectada e infestada por estos curiosos sintetizadores que se identifican como “índices”, que inspiran fe o descreimiento en función de quién los construya sin atender a la “calidad” de lo construido. Hace unos días nos asustaron (el miedo es la pasión que más vende) con la eventualidad de una renovada crisis bancaria a costa de los presuntos 44.000 millones de euros en juego en torno al pleito (la vista en Europa fue el pasado 25 de febrero) sobre el tipo de interés variable de las hipotecas, concretamente el índice IRPH, puesto en cuestión por los demandantes bajo la acusación de falta de transparencia o de manipulación. Más allá de las razonables argumentaciones, todo trae causa de la falta de fe en la banca y en las supervisiones financieras, alimentada unas veces sin razón y otras con muchas razones. Los indicadores son los hermanos simples y en bruto de los índices que presumen de ser una medida estadística para reflejar la evolución de una magnitud generalmente compleja en el tiempo o en el espacio. Requieren una muestra de elementos ponderados y una fórmula bautizada por extraños nombres de fundadores como Laspeyres o Fisher. Todo muy racional, pero sin fe no hay salvación, por lo menos en el mundo de la economía.

Uno de los tótem que ha tenido y tiene gran predicamento en el ámbito de la indexación es el denominado IPC, índice de Precios de Consumo (bienes y servicios), con metodología renovada en 2002 y que, ni más ni menos, pretende medir la inflación. Homologado internacionalmente, el de base 2016 se refiere a una cesta de la compra de 479 artículos, cesta sin duda muy diferente de la suya o de la mía, y de la de otros escalones de renta. Sin embargo, como índice para cuestiones “generales” sirve, el INE tiene prestigio técnico, y es accesible regularmente, de ahí que se utilice de común acuerdo para la actualización de salarios y rentas. El Gobierno lo ha puesto el viernes como tope para la subida de alquileres a la espera de mayor precisión y también lo aplica a las pensiones tirando por la calle de en medio. La aquiescencia de los ciudadanos sigue necesitando de un terrenal acto de fe: creer lo que no vemos, adhesión personal a las instituciones y confianza, que es la argamasa de la sociedad, Fukuyama dixit. Creo que fue San Mateo quien escribió aquello de que la fe mueve montañas. La desconfianza erosiona la convivencia y derriba gobiernos.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

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