Odios simétricos

 

Todo tiene su origen y razón, también conceptos tan lejanos como el odio y la simetría. Atravesaba yo un Arenal casi nocturno, bullicioso y consumista ajeno al odio. Venía de ver una peli a lo Capra o a lo Ford donde triunfan la virtud, la dignidad y los “buenos”; sin crueldad innecesaria, sin la truculencia habitual de las series de las “plataformas” que compiten rebuscando atrocidades que me acongojan y desvelan. Había intentado varias veces enterarme sobre el odio y su calificación penal, o sea sobre esa pasión simétrica al amor y su hipócrita rechazo universal desde antes de Antígona: “no nací para compartir el odio sino el amor”. Ya. En algún momento había consultado informes al respecto. En España supe que andamos por los 1.500 de estos delitos (1.272 en 2016), y me sorprendía la creciente taxonomía: música racista, edadismo, disfobia, romafobia, xenofobia y así hasta 21 manifestaciones de rencor sin olvidar el “odio ideológico y otras formas de intolerancia”. Lleno de dudas y alarmas (este mundo va a peor) consulté a mis cercanos juristas. No me hicieron mucho caso, ni siquiera cuando alegué que tenía un interés personal preocupante, porque hay gente que no me cae bien, que esquivo su compañía o que reconvengo. Por cuestiones varias. Gente que chilla, que empuja, que dice estar en posesión de la verdad, y atendiendo a la falta de eximente en la ignorancia de la ley, no sea que meta la pata, que bastante tengo con esquivar presuntos micromachismos. También tenía un interés ligado a la actualidad porque (hecha costumbre la imputación de corrupción) los políticos cada vez se acusan más de delitos de odio. Y en esto me vino a las mientes aquello (creo que de Borges) de “querer acabar con el canibalismo comiéndose a los caníbales”, con la oportunidad de que en Barcelona se zurraban bajo acusaciones mutuas de violencia, se odiaba el odio de los otros. ¿Simetría de espejo?.

Ya en casa acudí a la suculenta y difícil lectura de “Jugarse la piel. Asimetrías ocultas en la vida cotidiana” que va de la falta de responsabilidad de muchos espabilados que si sale cara ganan y si sale cruz no pierden, entre ellos los economistas, y nos da duro: “Hay campos del conocimiento (por ejemplo, la economía y las ciencias sociales en general) que caen en la charlatanería porque no hay en ellos una asunción de riesgos que los vincule con la realidad (mientras los participantes hablan de «ciencia»)” e insiste en que si ofreces una opinión y alguien sigue tu criterio, estás moralmente obligado a exponerte a sus consecuencias. Estamos buenos. Para el proteico intelectual Nassim Nicholas Taleb, la simetría en asuntos humanos equivale a equidad, justicia, responsabilidad y reciprocidad. Nuestra sociedad es “asimétrica” en el poder y en la información, y sobre todo en la carne que ponemos en el asador de nuestras ideas. Pero el odio, más que asimétrico, es simplemente contagioso.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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