Presupuestos ahora

 

Registra nuestra historia cercana que el acuerdo con el PNV para sacar adelante los presupuestos se había sustanciado el 23 de mayo de 2018. Ello suponía garantizar el gobierno de Rajoy hasta el año 2020, pero héteme aquí que en la vida lo imprevisto sucede en plan cisne negro de Nassim Taleb entre tantos cisnes blancos habituales. La continuidad del PP había sido dada por hecha por el interviniente que me precedió en un acto público, pero uno que está educado en la duda y en la incertidumbre se atrevió a conjeturar que en la vida hasta el rabo todo es toro. Acerté, quizá por chamba, pero acerté. El 25 de mayo (sentencia de la Gürtel por medio) doña Margarita Robles registra una moción de censura que acaba por “investir” presidente a Pedro Sánchez el 1 de junio de 2018. Esta secuencia culmina, tras cuatro elecciones y dieciocho meses, con el actual gobierno de coalición calificado de “social comunista” y sustentado por un frente de partidos etiquetado como “los de la moción”. En relación con los Presupuestos Generales del Estado se ha venido funcionando con “los de Montoro”, su prorroga y unas modificaciones y parcheos a decretazos que han bordeado el principio de legalidad. Ante los que presentará el gobierno de coalición, Sánchez no lo tiene difícil e intenta alcanzar varios objetivos simultáneamente dado el carácter plural del Presupuesto (político, económico, jurídico y social, en el orden que prefieran), y también en sus aspectos emocionales y simbólicos, ya reflejados en los discursos del presidente, ministras y portavoces. La apelación a la pandemia, la insistencia en que se trata de un asunto de Estado, de “arrimar” el hombro, casi de emergencia patria, quiere colocar a los discrepantes (o sea el PP) al margen del interés general, incluso aunque se pida un cheque en blanco sobre gastos e ingresos desconocidos. “Los de la moción” tienen mucho que perder si no apoyan al gobierno en cualquier circunstancia, lo que permite presumir de estabilidad y permanencia.

Ya “hacendísticamente”, no será sencillo oponerse a las líneas maestras de un Presupuesto que incurrirá en un elevado déficit financiado con deuda pública, salvo que se quiera apoyar una subida generalizada de impuestos que yugularía el crecimiento económico. Para la historia antigua ha quedado no sólo el “santo temor al déficit” del Nobel y polifacético ministro Echegaray, sino también la prudencia, la lógica y la teoría económica que justificaban el pacto de estabilidad europeo. El “haz lo que debes, aunque debas lo que hagas” se ha incrustado en el ADN de la ortodoxia política, relegando el futuro y la solidaridad intergeneracional. Y por lo que respecta a la asignación orgánica o funcional de ingresos y gastos, habrá tensiones que se resolverán al margen de la racionalidad pero no de la habilidad demostrada para repartir y “engrasar”, aunque bien entendido que “el que parte y reparte se lleva la mejor parte“.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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