Resiliencia

 

Privilegio del poder es marcar los tiempos y fijar los plazos, y el gobierno de coalición lo viene haciendo con esa habilidad que sirve eficazmente a sus intereses. Poco a poco va soltando información sobre planes y presupuestos sin muchos detalles, no obstante pedir aprobaciones, consensos o actitudes más difusas como la de “arrimar el hombro” o pedir a la oposición no hacer “antipolítica”. Sin demasiadas presiones internas desde sus socios ni externas desde la oposición, Sánchez sólo encuentra los límites en las volátiles restricciones legales que, a regañadientes, toda administración se autoimpone, y aquellas que la Unión Europea pueda exigir dentro de unas circunstancias que están haciendo saltar políticas antes intocables. Véase la voladura (no la reforma) de las normas de estabilidad presupuestaria. Ni techo de gasto, ni objetivo del déficit, ni límite al endeudamiento. Salgamos de ésta, que a “largo plazo todos muertos” y que los que estén vivos se apañen como puedan. La semana pasada nos soltaron los “cuadros” macroeconómicos (hashtag #EsteVirusLoParamosUnidos) con datos ya filtrados anteriormente en otras informaciones. Poca novedad, más allá de la previsión de creación de más de 400.000 puestos de trabajo en el escenario “inercial” (se entiende que sin ayuda europea) y 800.000 con el apoyo del Plan de Recuperación, en los próximos tres años y con los manoseados 140.000 millones de euros de los cuales 25.000 millones van para 2021. El prodigio se anuncia como “segunda gran modernización de la economía española”, y no insisto en el significado porque de “modernizaciones” y sus efectos en Andalucía sabemos un rato.

Todo ello depende de los resultados del “Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia” (con el hashtag #PlanEspañaPuede), expuesto en 58 páginas de excelentes propósitos alineados necesariamente con los europeos que son los que apoquinan. Lo de la resiliencia lo aprendí hace muchos años en los laboratorios de ensayos de materiales y me viene a la  cabeza una probeta del material que se sometía al impacto de un péndulo para medir la cantidad de energía que absorbía antes de romperse. En este caso Dios no quiera que nada se rompa y quizá haga referencia más bien a la capacidad para “reponerse” de una deformación o sea de una crisis. Me voy por las ramas porque no quiero confundirme con los que no quieren “arrimar el hombro” para conseguir una España “verde, digital, sin brechas de género, cohesionada e inclusiva” (sic). Todo tan hermoso, tan misceláneo, tan regeneracionista, tan “guay”, tan en la reiterada línea de “sí se puede” que no se sabe si le quita (le sustituye y le fagocita) o le pone énfasis a “Podemos”. Querría elegir un adjetivo moldeable que no traicionara mi actitud crítica pero tampoco la encubriera totalmente, y repaso: podría ser optimista, pesimista, crítico, favorable, contrario. Al final me quedo con “escéptico” que me resulta mucho más resiliente.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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