Retórica perversa

 

En el último cuarto del siglo pasado Peters y Waterman, dos consultores de McKinsey dieron un “pelotazo” editorial (tres millones de ejemplares vendidos en los primeros cuatro años) con un libro sobre los rasgos y razones de la “excelencia” de algunas empresas americanas, en plan de identificar lo que siendo excelentes tenían en común. El enfoque quería ser empírico aunque, en mi opinión, resultaba más bien cualitativo y prefabricado. aunque no dejara de tener interés para quien se interesara por el “management”, dícese por la administración de empresas. A lo que voy ahora, transcurridos casi cuarenta años, es a recordar que entonces me sorprendía que en una actividad tan racionalista se destacara como virtud común a las “excelentes” la gestión de la ambigüedad y la paradoja. Ya no me sorprende y me malicio que a ustedes tampoco. En nuestro universo postmoderno de verdades líquidas, de principios maleables, de noticias falsas, de actitudes oportunistas, de retórica engañosa, quién no sepa entender y superar los equívocos y las contradicciones está perdido. La ambigüedad permite diferentes interpretaciones de lo que se enuncia, y la paradoja es una figura retórica de pensamiento que encierra una contradicción evidente que a veces degenera en círculo vicioso. Hay ejemplos famosos que conocen bien aquellos en cuyo bachillerato encontraban espacio la filosofía y la lógica, o sea una minoría en peligro de extinción. Ellos advertirán su abundancia en la retórica política.       Reitera Ciudadanos que su ideario se sitúa en el polo opuesto a VOX y sin embargo pacta un programa por escrito, lo cual resulta paradójico a no ser que no sea tan opuesto, al menos en asuntos claves. La contradicción se supera invocando la “estabilidad” del gobierno andaluz, cualidad de indudable valor si lo que se estabiliza es moderado, positivo o ampliamente compartido, y muy negativa si la practica una dictadura. Por enésima vez “las” portavoces de Unidas Podemos, de reconocida vocación leninista (y a veces trotskista), insisten en que lo importante son los programas y no las personas, aunque llevan desde su origen queriendo nombrar “sus” ministros. Superan la contradicción con la obviedad de que tan necesaria es la partitura como los cantantes. Un descubrimiento genial. De forma más sosegada, los socialistas declaran que sólo les separa de los de Iglesias el independentismo, pero que coinciden en las políticas progresistas de carácter social, como si los progres podemitas no apuntaran a “tomar el cielo por asalto”; el cielo, la libertad y la propiedad privada. Será bonita la política, pero entenderán que adore la economía también por lo que toma de las matemáticas, o sea que para gastar hay que ingresar, que no se puede subir y bajar a la vez los precios, que sumar no es lo mismo que restar. Y todas esas bellas propiedades algebraicas. Lástima que puedan caer en manos de la retórica perversa.

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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