Río revuelto

 

El despropósito “hipotecario” –las torpezas evidentes no dan tiempo a las explicaciones racionales- del Tribunal Supremo ha sido un texto y un pretexto, o sea una demostración de incapacidad que alguna reforma y dimisión merece, pero también un pretexto para seguir removiendo las aguas del Estado y cada cual ir a lo suyo. Los empresarios y la misma presidenta de Andalucía valoran y demandan estabilidad, unos para hacer sus planes y ella para gobernar tranquila, mientras los del cambio valoran lo contrario, la calle, el escrache, la “manifa”, la algarada, la intranquilidad, y hasta el tropiezo, por aquello de que quien tropieza y no se cae, avanza más rápido, claro que en el sentido que ellos quieren. Gramática parda de la teoría del cambio social. Taimadamente, “Podemos” aglutina a nuevos y viejos movimientos sociales, a mareas, a partidarios de la revolución o del “radicalismo autolimitante”, a sindicados, a defraudados, a indignados y cabreados que son legión, y los pone a gritar pareados contra el establishment que es el paradigma de la estabilidad, dícese “régimen”. En vez de inestabilidad, los economistas hablan de volatilidad y saben que, con valores altos de la misma y buenas estrategias financieras, también se puede ganar, y es que la ganancia de pescadores avisados siempre es posible. La reportera televisiva anuncia con tono de comentarista deportivo que las protestas contra los jueces corruptos y demás hermanos mártires se están produciendo ese sábado desde Almería a Huelva para terminar con una nota de realismo disolvente: en Sevilla son “más de trescientos” que se autocalifican de “mayoría social”. Pero los cerebros de la movida no desfallecen. Tienen interiorizado que una revolución es el proceso de cambio por excelencia y que para andar el camino hay que dar esos primeros pasos variopintos de río revuelto, de malestar cargado a veces de alguna razón.

Esa fe en la inestabilidad es la que une a los separatistas, a los extremistas, a los que abuchean al rey o se limpian con la bandera, y que al parecer seduce al socialismo sanchista. La que practica Sánchez es la vieja e imperfecta técnica (que ya razonara Benjamín Franklin) de verter aceite en las agitadas aguas para tratar de calmarlas con gestos y prebendas, pero siempre nos deja con la duda de si no estará haciendo más y más grandes olas. Si en Madrid pacta con los “inestables” ¿con quién pactarán tras las elecciones los socialistas “estables” en el remanso susanista andaluz? Con los Populares es imposible y con Ciudadanos de difícil repetición, y la querencia podemita de Sánchez abre claras posibilidades a una significativa “apertura a sinistra”, tendencia corroborada por el perfil de algunos socialistas andaluces. Será cuestión de resultados, de aritmética y de equilibrios, pero no es una hipótesis desechable. Todo es posible en aguas turbulentas, en un río revuelto y con pescadores ventajistas.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

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