Saber hacer

 

Los franceses nos han legado eso del “savoir faire” como habilidad para comportarse siempre correctamente en tiempo y forma, lo cual resulta una cualidad fina y cortés pero evidentemente menos práctica que el know how de los anglosajones, tan utilitaristas y mercantiles ellos. Siendo el conocimiento asunto de reflexión filosófica y sociológica, el saber o conocimiento en general (“knowledge” en su idioma) puede referirse a saber “qué”, saber “quién”, saber “por qué”, o al citado saber “cómo” (“know how”), y de esta percha cuelgo la idea simplista de que lo verdaderamente importante es saber cómo hacer las cosas. Sin renunciar a la exigencia de un propósito previo (meter más goles, ganar una batalla o adelgazar) no me negarán que la clave está en cómo golear, resultar victorioso o conseguir perder kilos, y que cada respuesta pude desencadenar más preguntas que necesiten a su vez contestación. La sociedad es presentista: el pasado sólo interesa políticamente si es útil para fines actuales en plan “memoria histórica”, y el futuro importa un bledo, de ahí que prometer lo incumplible sea una práctica frecuente. La creación de empleo anda en boca de todos como lo viene siendo desde que el pacto social se inventó, así que anunciar la creación de seiscientos mil empleos en Andalucía es una simple licencia retórica mientras no se vaya especificando cómo se va a hacer: o sea, el know-how. Keynes abundó en admirables razonamientos y a muchos se nos quedó la idea de que los modelos neoclásicos de equilibrio dejaban el empleo como variable suelta, o sea a lo que resultara. Dicho de otro modo, ninguno garantizaba que el punto de equilibrio (presupuestario, oferta y demanda, inversión y consumo, exportaciones e importaciones y otros) coincidiera con el pleno empleo. Así que se empieza a toquitear otras variables monetarias y fiscales a ver si suena la flauta o salimos del mal paso con algo de ingeniería social. Y claro que se crea empleo con más gasto público o endeudándose a tope, pero el tumor en el empleo se desplaza al déficit o a la productividad o a sitios peores como la dependencia o el totalitarismo.

Por suerte o por desgracia la inflación crea empleo, y también las burbujas (¡denostada construcción!) y el endeudamiento, pero son pan para hoy y mañana ya veremos. Todos estos fenómenos ponen en cuestión la supremacía intelectualista del saber “qué” para dar espacio al saber “cómo”, a ese conocimiento tácito fruto de la reflexión pero también de la experiencia, del “entrenamiento”, del oficio, de las aptitudes, de las habilidades, de la gestión de  la complejidad. Siempre y en todo lugar, ese “know how” lo han tenido las empresas y los empresarios, no importa cuál haya sido su dimensión y su sector. Asumiendo fracasos y críticas, pagando sus errores. Son los que poseen el “saber cómo” crear empleo sin generar desequilibrios ni indeseados efectos colaterales.

 

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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