¡Sálvese el que pueda!

 

El pasado jueves el pleno del Parlamento de Andalucía rechazó con bronca una proposición no de ley de Vox “relativa a operativas de salvamento marítimo”, y el miércoles el ministro Grande-Marlaska había presidido una reunión en el “Centro de Coordinación de Operaciones de la Autoridad para la Inmigración en el Estrecho y Mar de Alborán” (sic) y en rueda de prensa dio algunos datos al respecto. Además de las ya tópicas “fake news”, funcionan bien eso que llaman “pseudo acontecimientos” y que el historiador y “pulitzer” Boorstin elevara al universo teórico: no se trata de dar la noticia falsa de que un perro ha mordido a un hombre, sino de provocar que el perro le muerda para poder dar testimonio y difusión al hecho. Toda la actividad política y mediática esta llena de estos “pseudo events” y no es una rareza que quienes quieren hacerse un hueco público utilicen esta técnica y Vox no iba a ser una excepción. Interesa a veces más el ruido que las nueces (también en las ruedas de prensa de los gobernantes), y ruido hacen las iniciativas que Vox habitualmente presenta. Permítanme que vea la parte colateral positiva del afloramiento de nuestras propias contradicciones sociopolíticas que en esto de la migración son muchas y graves, de tal manera que lo habitual es mirar para otro lado y no querer meterse en ese espinoso jardín. Al menos desde los 366 ahogados el 3 de octubre de 2013 en Lampedusa la política de la Unión Europea y estados miembros ha ido variando sus acciones desde los rescates con la colaboración de todos (incluyendo las ONG, los “actores estatales” y los “espontáneos”), a denunciar a los traficantes, a pretender colaborar con estados poco fiables, a situar el problema más allá de las fronteras de la Unión Europea. En el centro del problema se encuentra la capacidad de acogida de los destinos y el “efecto llamada”, asuntos en los que me temo que algunos jerarcas europeos (¿Juncker?) se aproximan a Vox. La hipocresía construye relatos atractivos y digeribles socialmente: todos pretenden salvar vidas y reducir el número de inmigrantes irregulares.

El ministro Marlaska, muy en su papel, resaltó la participación de las fuerzas de seguridad en la “reducción del ritmo de llegada de las pateras” y lo aliñó con unas gotas de imprescindible “buenismo”. Menos me gustó su alusión a que el 70% de los migrantes que llegan “por vía marítima” (sic) van de paso y no se ubican en España, una declaración veraz, pero un “pseudo acontecimiento” para quitarle gravedad al asunto. Tengo para mi que las migraciones son inevitables y que si la desigualdad crece, los flujos crecerán. Hay que regularlas y todas esas obviedades, pero también que si alguien está en peligro hay que salvarle. Es una cuestión de moral personal y universal. Lo hacían los submarinos con los náufragos de los buques que acababan de torpedear. Sin duda, una flagrante contradicción. No vamos a ser menos.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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