Sobre el papel

 

Todo vale. Lo escrito goza de una extraña presunción de credibilidad que se extiende a los medios de comunicación pero que luce en los propósitos de los estrategas políticos y reina en sus programas y declaraciones. De las muletillas que han hecho especial fortuna al socaire del viento pandémico me encandilan eso de “ha venido para quedarse” y aquello de poner “en negro sobre blanco”, que sin duda conviven con legión pero que aquí destaco por pertinentes. La primera presume de una cierta cualidad profética capaz de separar el polvo de la paja perdurable, de distinguir lo coyuntural de los estructural, atributo divino, afirmación sólo posible a toro pasado. Quien la pronuncia pretende dar sensación de autoridad, de privilegio cognitivo sobre ti, tonto que no sabes distinguir la sustancia de la circunstancia. La segunda muletilla eleva lo escrito, planeado, proyectado, pactado e incluso simplemente publicado, no sólo a dogma de fe sino a realidad palpable, cuando es simplemente una intención. Salimos del confinamiento y pasamos a una fase que nos aproxima a una normalidad cierto que de distancia y mascarilla pero, sobre el papel, con más igualdad, menos contaminación, más derechos, menos obligaciones, y dinero gratis. Somos felices porque desesperadamente queremos serlo, y nuestro síndrome de Estocolmo ha reverdecido con el margen de libertad concedido. Luego las playas no son las playas, ni los bares los bares, ni los negocios, negocios. ¿Y el fútbol? ¿el deporte? Cuanto menos social menos afectado. Sin duda los sucedáneos “on line” salvan contratos, compromisos, reglamentos, pero no disipan la tristeza. Soluciones de emergencia que funcionan. Sobre el papel y no para quedarse. Es que todo espectáculo es social, compartido como lo son el cine o la ópera. Hasta la lectura, que necesita múltiples lectores de los mismo.

Negro sobre blanco la Comisión Europea se dispone a cimentar los tres pilares de su billonario plan para la recuperación. Se informa que el 19 de junio los que mandan empezarán a negociar el modo y el reparto. También se anuncia que del “primer pilar” a España le “tocarán” 140.446 millones, 61.618 en subvenciones. Que esto va a ir lento, es seguro. Que exigirán contrapartidas, también. Por ahora sólo se intuyen. Entre tanto las tormentas de ideas arrecian. Las propuestas también. No hay experto ni colectivo que no eche su cuarto a espadas. El Gobierno se luce en las exposiciones de motivos de sus decretos y se muestra remiso en las partes dispositivas: el miedo a tener que desdecirse. Las autonomías comiendo de su mano el alpiste de la financiación discrecional. La propaganda amplifica y deforma. Además, afirman que la salud es lo primero, aunque seguimos sin tratamiento ni vacuna, confiados en la benevolencia del virus. Evidente. El resto, ya ven, es un poco “sobre el papel”, y sabido es que el papel lo aguanta todo. Pero es tan solo papel.

 

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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