Tener o usar

 

He tenido que hacer un esfuerzo para que no se me fuera la olla al “Tener o no tener”, una potente “catchprhase” que te engancha quizá por pegadiza o porque el trío Hawks, Bogart y Bacall era un poker de tres. Pero no era cosa de hacer concesiones a la estética y a la trascendencia a costa de la claridad, porque lo mío hoy va del nefasto destino de la propiedad enfrentada a otras formas de uso. Haber titulado propiedad y posesión hubiera sido dar entrada a una cuestión clave del derecho civil y me temo que usted, que de eso sabe, no hubiera seguido leyendo. Todos estos debates sobre lo público y lo privado, el Mercado y el Estado, encubren un viejísima confrontación en torno a la propiedad privada. El abuelo Marx y algunos precursores anarquistas iban a por ella (a cargársela claro) aunque el infatigado e infatigable Escohotado remonta la inquina a los cromañones o quizá a la secta israelita que calificó la compraventa de pecado de hurto. Investigando al respecto se puso don Antonio a elaborar una monumental historia moral de la propiedad con el objetivo explícito de precisar quiénes, cuándo y dónde, han sostenido “que la propiedad privada constituye un robo, y el comercio es su instrumento”. Parece que esta actitud connota que esa propiedad es algo deseable y positivo, cuestión cada vez más dudosa. Ser propietario es algo que se ha puesto complicado y peligroso. No es sólo aquello de que propicia la intranquilidad y la angustia frente a la devaluación, el robo, la envidia, sino un continuo acoso por parte del estado y también del mercado, y admitamos que de la sociedad hipócrita en su conjunto. Más trámites, obstáculos, tasas e impuestos, que si tiene usted ahora que declarar renta y patrimonio (con sus activos financieros al valor que tenían en diciembre del año pasado) sabe de qué hablo. Socialistas civilistas (que los hay y muy buenos, no todos son laboralistas) nos convencieron hace lustros de los justicieros límites al uso y abuso, de la función social de la propiedad, y a ver quién es el carca que se atreve a matizar.

Ante esto, el mercado se adapta y le da la puntilla. Se impulsa el alquiler y no la compra de todo tipo de activos, la música “on line” o “streaming”, antes que la grabada, la evasión, el fraude y las cuentas en Panamá. Usar y tirar. Que no se vea la propiedad y se sustituya por la posesión, que hasta en las relaciones de pareja resulta menos comprometido. Todo político de izquierdas bendice la propiedad pública pero se esmera en poseerla privadamente, en el uso privilegiado de coches, fincas, servicios públicos, clientelismos, vanidades estatus y poder. El tópico dice que la habilidad máxima para la conciencia y el estómago está en pensar como la izquierda pero vivir como la derecha, eso sí sin renunciar a la sopa boba. Hay de todo en la viña del Señor, pero propietarios quedan pocos. Tampoco se encuentran vendimiadores. No compensa.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

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