En la vida se plantean trilemas insolubles que descartan soluciones utópicas. Pretenden hacer compatibles tres opciones deseables pero contradictorias. La lógica, aplicada a las ciencias en general, tiene una utilidad simplificadora más allá de su uso en la argumentación retórica y en el desenmascaramiento de falacias. Evidentemente el sistema de razonamiento podría extenderse a más de tres opciones, pero entonces, yo al menos, me pierdo y me refugio en otras cábalas. Aparte de los que por su originalidad y brillantez han pasado a la historia del pensamiento, de las curiosidades o de la extravagancia, comprendan que a mi me gusten los trilemas de carácter socioeconómico, los que desvelan la mentira oculta en la utopía, los que engañan a quienes se dejan engañar. Ejemplos hay miles, busquen y encontrarán, pero como botón les traigo un clásico que enuncia la imposibilidad de que una sociedad pueda ser “a la misma vez” (interesante tautología expresiva ya saben de quien) libre, justa e igualitaria, cuya aceptación –al menos al cien por cien- nos evitaría muchos quebraderos de cabeza. El segundo ejemplo que arrimo es más modernito y remite a Dani Rodrik,  Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2020, economista turco y profesor en Harvard que según la resolución del jurado de 11 de junio “ha conducido el análisis económico y la economía política hacia un territorio más cercano a la realidad”, lo cual, de ser cierto, no es poco. He leído algunos de sus artículos y libros y no me considero habilitado para hacer una crítica fundamentada (léanlo y le harán un favor), pero sí constato que en los confusos jardines de tertulias y entrevistas apareció desde un principio etiquetado, ¡imaginen!, por un trilema.   El trilema de Rodrik enuncia que no se puede conseguir al mismo tiempo la democracia, la soberanía y la globalización aunque de dos en dos pudiera ser, y yo anticipo el demérito al que optamos de perder las tres. Como ven el trilema da para mucha reflexión y tiempo en el rincón de pensar, circunstancias incompatibles con la actividad política, así que rebajo la exigencia a la aclaración de los más accesibles “dilemas” (¿soplar y sorber a la vez?¿sopa y teta?) que los prescriptores de medidas para salir de la crisis nos están planteando, sin duda animados por una imperiosa facundia creativa. El inevitable Stiglitz, que es progre pero sensato, ya ha apuntado que la digitalización, el teletrabajo y el nuevo “maquinismo”, tenderán a incrementar el desempleo, o que los nuevos empleos se están generando en trabajos de baja cualificación; que la solvencia de las empresas no mejorará con el océano de liquidez, que no se debe ayudar a las empresa “zombies” o que la deuda pública nos lastrará durante años. De un plumazo nos resuelve los dilemas, cuestión reservada a la política, esa actividad propagandística volcada en la conciliación de contrarios en vez de enfrentarse a la verdadera realidad.

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

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