Un país bipolar

 

La división en dos, la dicotomía sin matices es una tendencia inevitable y la ciclotimia preside nuestras vidas individuales y colectivas. Los datos y los hechos –única fuente solvente del optimismo y del pesimismo racionales- se retuercen e interpretan según el interés y el estado de ánimo, lo que hace que las opiniones varíen en el espacio y en el tiempo pero se concentran como las virutas de hierro alrededor de los dos polos de un imán: apocalípticos y triunfalistas. A veces resumimos diciendo que los individuos se dividen en eso tan simple como los que ven el vaso medio vacío y aquellos que lo ven medio lleno. Pero no por eso los datos dejan de ser los datos y el vaso, el vaso. En política se disculpa la mentira, cuánto más “poner la situación en positivo”. Sánchez repite siempre que tiene ocasión la consabida retahíla de “algunos resultados alentadores”, bien seleccionados, que “apuntan a la recuperación”, y ahora en la clausura del II Foro La Toja lo ha hecho apuntando a sacar adelante los necesarios Presupuestos Generales del Estado y ya de paso a arrinconar al PP y continuar con el asedio político de Madrid. Las apelaciones al diálogo, al consenso, al progresismo, a la estabilidad y a la unidad son constantes, y todo es porque sus asesores conocen bien la tendencia social a la bipolaridad y aconsejan la práctica del eclecticismo rozando el oportunismo para conservar el poder el mayor tiempo posible. Mientras, los datos de la gestión de la pandemia son, como poco, mediocres además de poco fiables, y los económicos francamente malos. El decrecimiento se acentúa y los datos de empleo tienen el truco del déficit y de los ERTE’S que los camufla ante la incierta expectativa de la recuperación.

Sobre el eclecticismo resulta muy indicativo que mientras algunos ministerios se han dedicado, porque está en sus genes, a regular todo lo regulable, ahora reclama nuestra atención el anuncio de un real decreto para eliminar “barreras burocráticas y administrativas” en la gestión de esos fondos europeos aún en el alero de las precisiones y condiciones. Algo similar al que la oposición socialista le recurrió ante el Constitucional al gobierno de la Junta de Andalucía. Ese real decreto desregulador sin duda afectará a un racimo de normas estatales que tendrán que ser derogadas o modificadas, y ahí veremos en juego la habilidad sanchista. De otro lado, los llamamientos a la unidad nos retrotraen a otras épocas en que aparecía acompañada de “grande y libre”, lema ternario que hoy reclaman para sus patrias los separatistas. La gestión de la pandemia ha desvelado las disfuncionalidades del estado autonómico y las tensiones entre los independentismos, los constitucionalistas y los “armonizadores” con tufillo al proyecto LOAPA de 1983. Ante este panorama la bipolaridad tiene motivos para transformarse en síndrome maníaco depresivo. O en aquí nos las den todas.

 

Manuel Ángel Martín López

@eneltejado

 

 

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